Alguien podría preguntar, ¿Son los indios Tabajaras?, y la respuesta sería, creo que no, o, ¿podrían ser los Calchakis?, primos hermanos de aquel dúo de guitarristas brasileños autores del “Cóndor Pasa”, pues tampoco, es el Maestro que una vez más –y esta será la última- hace gala de su versatilidad para componer música tradicional latinoamericana. Esta no es la primera vez que Horner coquetea con estas texturas, pues obras como “Vibes” o “Where the River Runs Black”, que beben de la tradición y el folklore de sudamérica dan buena cuenta ello demostrando que el músico “se movía como pez en el agua” en este tipo de producciones. Por tanto, si hay una característica –desde luego que hay muchas más- que define su extensa obra, esa es, sin lugar a dudas, la versatilidad, cualidad que diferencia a los genios de la música cinematográfica de los mediocres –no citare nombres para no herir sensibilidades-, que como gritaba el actor estadounidense Cuba Gooding Jr. en la película “Jerry Maguire”, se rigen en la mayoría de las ocasiones por el lema: “¡Show me the Money!”, pero ese es otro cantar, que como decía Groucho, “suele estar muy desafinado”. Así, casi sin esfuerzo, podríamos pedirle al Maestro –vuelvo a utilizar el presente, y es que me niego a pensar de otra manera- que escribiera un Requiem, y lo haría, o una polka, y fíjate tú, a buen seguro que también lo haría; o puestos a soñar, ¿por qué no una ópera?, como la de los clásicos, pues no les quede la menor duda de que también la haría, de eso estoy seguro, porque su camaleónica personalidad se desarrollaba a través de los numerosos retos que las heterogéneas historias que narraba le planteaban. Ahora el viaje –su último vuelo- continua hacia las profundidades de una mina chilena en “The 33”, la última producción en la que trabajo antes de su trágico accidente.

La historia de “Los 33” narra los terribles sucesos que ocurrieron en Chile en agosto del año 2010 cuando el derrumbe de la mina San José dejó atrapados a 33 mineros a unos 720 metros de profundidad durante la escalofriante cifra de 70 días. La conmoción del suceso tuvo tal repercusión que tuvo en vilo a más de medio planeta. Cadenas de tv del mundo entero siguieron con una extraña mezcla de angustia y esperanza –perfectamente dibujada por la música- la resolución de tan desgarrador episodio. Dirigida por Patricia Riggen y protagonizada por nuestro Antonio Banderas, “The 33” muestra, por un lado, que la emoción es una vez más el hilo conductor de la historia, y por otro, que la música escrita por Horner para este drama basado en hechos reales deja alguna que otra lágrima sobre los recuerdos, esos que ya, y muy a nuestro pesar, son parte de la historia.

Durante algunos días he estado pensando la manera de afrontar esta partitura teniendo en cuenta que va a ser la última vez que me enfrente a una nueva obra del Maestro. Podría empezar hablando de su leitmotiv principal “Drilling, The Sweetest sound!/Camp Hope”, una bella melodía de las tierras de sudamérica que Horner, flautas, palmas y guitarra en ristre, utiliza para contextualizar y dar mayor credibilidad a la historia, podría empezar así… O quizás podría escribir unas cuantas líneas, aquí y a lápiz, sobre la parte más oscura de la historia, esa para la que Horner compone unas cuantas ideas, intensas y contundentes “Buried alive/The Collapse” que tensan la cuerda que une la tensión con la angustia, podría ser un buen comienzo, sin duda… Pero también podría tomar como único guía el delicado y emotivo tema de la esperanza “Celebrations/Hope is Love”, una melancólica melodía que la flauta, imagen de una mirada perdida, conduce hasta el desierto de la esperanza, lugar donde los coros, la cuerda y la percusión esperan entre lágrimas –las nuestras- a los 33 mineros de la Mina San José… podría comenzar de esta manera, podría, pero la verdad es que no tiene demasiado sentido hacerlo así cuando la emoción y la tristeza tienen 33 razones y alguna más para seguir disfrutando de su música…

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.