La banda sonora de “The Boss Baby”, de Hans Zimmer y Steve Mazzaro, propone todo un despliegue de energía musical en el ámbito de la comedia animada moderna. Supera con creces las expectativas de la indefinición temática actual del cine comercial, anquilosado y repetitivo en sus estructuras rítmicas recurrentes, y se posiciona del lado propulsivo y expansivo del mejor John Powell (el de “Mars Needs Mom”, “Horton Hears a Who” o “Happy Feet”), que últimamente parece algo desaparecido. La aparición destacada de un ayudante colaborador en los créditos centrales de este trabajo no sorprenderá a nadie a estas alturas, siendo Zimmer el gran gurú del nuevo sistema de composición moderna de blockbusters. Su línea de trabajo, componer los temas centrales y las ideas más importantes cediendo la sincronización, desarrollo y trabajo detallado a sus secuaces, ha sido algo habitual en toda su carrera (desde “The Lion King” (1994), pasando por “The Ring” (2002), hasta “Rango” (2011) el músico ha recibido ayuda y apoyo de incontables nombres afines). Asignar créditos y reconocimientos entre tales marasmos autorales puede resultar peliagudo, pero lo cierto es que el resultado en el caso de la banda sonora de “The Boss Baby” se fortalece gracias a la colaboración llevada a cabo.

Steve Mazzaro ha colaborado y compuesto música adicional en las bandas sonoras de “Man of Steel”, “The Lone Ranger”, “Chappie” e “Inferno” entre otras. Todos ellos ejemplos de la firma inconfundible de Zimmer a la hora de apoximarse al mainstream de una manera u otra. El trabajo de ambos para “The Boss Baby”, bebe de las fuentes sonoras más diversas, partiendo de un dinámico tema central, “The Survival of the Fittest”, con aires a Jon Brion y el colorido rítmico de Los Beatles , sigue con funky en “Baby Brother”, bossa nova en “Welcome to Baby Corp”, voces cómicas y coros celestiales en “Super Colossal Big Fat Boss Baby” o saxo y música hebrea en “Barfmitzvah”. Sin olvidar el mickey-mousing orquestal a caballo entre el detallismo ornamental de Michael Kamen y el sinfonismo de John Williams, en piezas como “Puppy Co” o “Arrggh”, el lirismo de cuerda y madera a lo Bruce Broughton en “Love” o el crisol estético imposible de “Francis Francis”, fusionando terror, bailable y comedia. Todo ello salpicado de fragmentos aventureros en los que el tema central se versiona de forma épica, como en “Toodaloo Toilet-Head!” y “Upsies! I Need Upsies!”. A pesar de las incontables referencias -o quizás gracias a ellas (incluyendo también a los clásicos Prokofiev, Stravinsky y Strauss)-, la banda sonora de “The Boss Baby”, de Hans Zimmer y Steve Mazzaro, logra sumar un todo superior al de sus partes, haciendo del exceso consciente de su intensidad musical un cóctel irresistible para el aficionado a la música de cine.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.