No cabe discusión al respecto. La música de John Powell para la saga Bourne ha sido, junto al Caballero Oscuro de Hans Zimmer, la que más ha influenciado y definido la sonorización moderna del cine de acción mainstream y no tan mainstream a todos los niveles en la última década y pico. Y todo comenzó aquí. La banda sonora de “The Bourne Identity” (2002) de John Powell presenta una primera escucha algo chocante y árida si la ponemos en perspectiva. Ese mismo año Jerry Goldsmith componía “Star Trek: Nemesis” y “The Sum of all Fears”, John Williams “Minority Report” y “Star Wars Episode II: Attack of the Clones” y James Horner “Windtalkers” y “The Four Feathers”. También es cierto que Zimmer componía “The Ring”, pero venía de hacer “Pearl Harbor” unos meses atrás y James Newton Howard entregaba “Sings” (con un paralelismo destacable) pero poco antes creaba “Vertical Limit”. Así pues el sinfonismo o al menos el tratamiento orquestal de la acción era la corriente dominante todavía entonces. Pero el verismo que Doug Liman quiso imprimir (quizás pasándose de frenada primero con el trabajo rechazado de Carter Burwell) a la acción contemporánea y descarnada del agente, espía y asesino Jason Bourne en un mundo globalizado y convulso, encontró en las propuestas minimalistas, sintéticas y arrojadizas de Powell la mejor respuesta sonora posible, cambiando las reglas del género y marcando un hito en el mismo de repercusiones que todavía hoy, catorce años más tarde resuenan entre títulos y sagas previas  (“Skyfall“, “Spectre“) o posteriores (“Now You See Mee 2“, “The Legend of Tarzan“).

La propuesta fue arriesgada pero a todas luces exitosa. Parte de una breve melodía para madera triste y misteriosa, algo desenfocada en “Main Titles” (retomada con algo de desarrollo posterior en “Bourne Gets Well”), para dar paso al auténtico leit-motiv de la serie con la reiteración para cuerda de un motivo cíclico y minimalista para cuerda que oscila en su intensidad y frenetismo según las circunstancias lo requieran y al que acudirá con ingeniosas variaciones en “At the Bank” o “At the Farmhouse”. Lo complementa con otro motivo de mayor prestancia -aunque menor impacto sensorial- de primera aparición en “Treadstone Assassins” (y su pseudo continuación en “Hotel Regina”) de llamativa mezcla de orquestación con violines, percusiones y ritmos sintéticos creando urgencia propulsiva. Aporta una melodía más lírica sin renunciar al acompañamiento rítmico continuo en “Bourne on Land”, así como un suspiro reflexivo con campanas, xilófonos y voz solista en “The Drive to Paris”. Sin embargo el grueso del trabajo abraza la acción con momentos tan heterogéneos como “Escape from Embassy”, con ritmos sincopados y polifónicos de mixtura sonora indefinible o pasajes tan rompedores por su violencia y contundencia como “The Apartment”, o por su riqueza conceptual como “On bridge number 9”.

Por supuesto hay pasajes que no pasan del acompañamiento incidental más discreto aun con pinceladas de creatividad como las notas sueltas de piano en “Jason phones it in”, pero todo en esta partitura va sumando ideas a favor del conjunto, como el motivo evocador de “Taxi Ride”, los juegos rítmicos sintéticos de firma inconfundible en “Jason´s Theme”, el resumen ecléctico de “Main Theme” o la densidad estática y cercana a un jazz anárquico de “Mood Built”, de dificultosa digestión para oídos acostumbrados a melodías y estructuras tarareables y predecibles. Se trata por lo tanto de una obra que nació a contracorriente y que cambió ella sola -y sus muy meritorias secuelas- la corriente misma y es por ello que más allá de filias o fobias estéticas y coyunturales, la banda sonora de “The Bourne Identity”, de John Powell, sea un trabajo fundamental de la música de cine moderna. No se trata en este caso de recomendarlo o no; hay que conocerlo.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.