El arranque de la banda sonora de “The Bourne Ultimatum” (2007) de John Powell no puede ser más definitorio de las nuevas fronteras del espectáculo propuesto. La pista “Six Weeks Ago” ofrece primero misterio envuelto en instrumentación étnica localista (balalaika) para ubicar la acción, desplegando acto seguido una variación cuasi épica para metales de la melodía asociada a la compañera de Bourne y a su recuerdo (perfectamente expuesto en forma de calmado adagio durante “Thinking of Marie”), para regresar a las campanas y al tono ambiental cada vez menos difuso en su ejecución solista o por secciones. Esta contundencia se amplifica con la extensa pista siguiente “Tangiers”, uno de los momentos álgidos de la saga y de la música de acción moderna. En ella se desgrana un desequilibrante ejercicio de polifonía y polirritmia bañado en orquestación exótica donde cobra protagonismo un motivo sincopado de raíces arábigas para cuerda y contrapunto con poderosos metales superpuestos a una percusión trepidante, incansable e imaginativa. Alcanzado el clímax orquestal, los motivos recurrentes de la serie se suceden con una intensidad inédita.

Habiendo subido el listón con dicha presentación musical, pasajes como “Assets & Targets” continúan al mismo nivel de compromiso con elaborados y complejos diálogos sintético-orquestales, haciendo de las permutaciones rítmicas un desafío constante y seña de identidad de la saga a nivel conceptual, cuyo empuje imparable potencia el montaje trepidante en una simbiosis audiovisual portentosa. La sublimación del material de acción estructural de las partituras previas llega en las pistas “Waterloo” y “Waterloo pt 2”, cuyo primer bloque prepara con un crescendo continuo lo que el segundo eleva hasta el paroxismo, con filigranas en los violines, electrónica mordiente, efectos sintéticos desafiantes, sincopas rítmicas y percusiones ejecutadas a velocidad terminal. Incluso el tema central con el se iniciaba la banda sonora de “The Bourne Identity”, asociado al personaje principal, obtiene aquí sus versiones definitivas en “Faces without names” con una rendición cíclica solemne y “Coming Home” con reverberaciones percusivas como ecos pasados que vuelven a golpear el presente, e intenso dramatismo orquestal desgarrado en su coda. La explosión emocional y compendio final de “Jason is reborn” pone la guinda al trabajo.

Es por todo ello que, sin obviar el evidente desarrollo previo y la concepción misma de los motivos y melodías preexistentes, la banda sonora de “The Bourne Ultimatum” de John Powell logre la medalla de oro dentro de la saga por su alcance sensorial y periclitación de elementos, llevados hasta su cenit expresivo en este tercer capítulo musical, ejemplar y sobresaliente en todos los sentidos.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.