La banda sonora de “The Da Vinci Code” (2006), de Hans Zimmer, supuso uno de los escasos elementos de calidad en la adaptación cinematográfica de la célebre novela de Dan Brown de mismo título. Si la producción de lujo no reparó en gastos tanto en aspectos técnicos como artísticos, el derroche de medios tan solo logró una película a la altura del material literario de origen, simplificándolo para más inri a las necesidades de un blockbuster con todas las letras. El director, Ron Howard, ya había contado con Zimmer en la banda sonora de “Backddraft” (1991), y volvería a hacerlo en la banda sonora de “Frost/Nixon” (2008) o la banda sonora de “Rush” (2013), amén de las secuelas de “The Da Vinci Code”, también inspiradas en los libros de mismo título “Angels & Demons” (2009) e “Inferno” (2016).

Zimmer presenta en la pista “Dies Mercurii I Martius” el tono general de la banda sonora, con un elaborado trabajo de cuerda (de ecos a su seminal trabajo para “Smilla´s Sense of Snow” (1997) y por supuesto a “The Thin Red Line” (1999)), de gran intensidad y nitidez en su imbricación con el elemento coral o los intrumentos solistas. Une aquí dos temas, uno inicial afligido y lánguido para piano y chelo, y el principal de aire noble y épico con forma de adagio cíclico in crescendo, de reminiscencias a su banda sonora para “Batman Begins” (2005) en la base rítmica. El elemento tenso y obsesivo con protagonismo coral y vocal surge en “L´Esprit des Gabriel”, mientras que “The Paschal Spiral” propone luminosidad eclesiástica truncada por la primera aparición del tema de acción con violento diálogo para cuerda y percusión, en la línea de la banda sonora de “The Ring” (2002).

El corte “Malleus Maleficarum” desliza referencias conceptuales a la banda sonora de “Mission Impossible 2”, mientras que “Salvete Virgines” propone sugerente un canto coral de predominancia femenina, cercano en intenciones sensoriales a las ideas de Jocelyn Pook. “Ad Arcana”, “Daniel´s 9th Cipher” y “Rose of Arimathea” presentan extensas pistas con variaciones sobre las ideas y motivos centrales, aumentando en “Silver Chalice” el contenido religioso coral (con “The Ninth Gate” (1999) de Wojciech Kilar en la memoria). La trama se intensifica en “The Citrine Cross”, culminando con la acción propulsiva de “Beneath Alrischa”, un corte donde Zimmer se exprime los sesos a conciencia, conjugando cuerda, piano y percusión con polifonía y polirritmia arrolladoras. La resolución de “Chevaliers de Sangreal”, deviene en un adagio de intensidad creciente y progresiva que desarrolla el tema central en su versión plena para orquesta, coro y voz solista, haciendo de la banda sonora de “The Da Vinci Code” de Hans Zimmer (y la exquisita propina coral compuesta por Richard Harvey “Kyrie for the Magdalene”) un ejemplo de alcance y capacidad musical más allá de las imágenes que originan la partitura fílmica.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.