La banda sonora de “The Girl on the Train”, de Danny Elfman, indica que sobrevivir en el Hollywood actual de los blockbusters que adaptan éxitos de ventas literarios es algo que el músico de confianza de Tim Burton (aunque no en su última película “Miss Peregrine’s Home for Peculiar Children” con música de Matthew Margeson y Mike Higham) sabe hacer con soltura aunque escasa imaginación. La banda sonora de “50 Shades of Grey”, la de su secuela “50 Shades Darker”, y la aquí reseñada así lo corroboran. El músico puede haber perdido parte de su desparpajo y creatividad efervescente de finales de los 80 y principios de los 90, pero ha seguido entregando trabajos destacados en el nuevo siglo (“Big Fish” (2003), “The Corpse Bride” (2005), “Hellboy II: The Golden Army” (2008), “Frankenweenie” (2012)), que lo hacen merecedor del status que alcanzó en su momento. Y es esa posición ganada a pulso, así como su permanencia dentro del mainstream (“Alice Through the Looking Glass” (2016)), la que le permite seguir figurando como uno de los pocos nombres todavía en liza de una generación desaprovechada, ahogada en el temp-track y los test-screenings (James Newton Howard, Alan Silvestri, Christopher Young).

Elfman arranca con la pista “Riding the Train”, que presenta un sencillo motivo para piano de tres notas y lánguida cuerda seguida de efectos y pulsiones electrónicas que sugieren movimiento y repetición (el tren, la rutina). Inmediatamente lo previsible se tuerce en “Something´s Not Right”, con chirriante agresividad sintética, cuerda obsesiva y guitarra eléctrica (idea recuperada en “Memory”), mientras que el lirismo cíclico y esperanzador desdibujado de “Megan” (de liberadora rendición final en “Resolution” con susurros), da paso a la repetición (a lo Bourne de John Powell) del misterio en “Rachel”. Pasajes sostenidos y puramente atmosféricos como “Stolen?”, “Wasted” o “Missing Time”, pulsátiles como “3 Women” o “The Perfect Couple/Password”, fragmentos sintéticos amenazadores como “Sad Liar” o “Really Creeepy”, y de tono minimalista impreciso (recordando a “The Ring” de Hans Zimmer) como “All F*cked Up” o “Day One”, rellenan el grueso de la inocua e insípida banda sonora de “The Girl on the Train” de Danny Elfman, que se muestra tan poco inspirado por el relato como cabría esperar de un blockbuster a la carta. Directa al olvido.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.