La banda sonora de “The Grudge 2” (2006) de Christopher Young reincide en la exploración del material temático de la primera parte “The Grudge” con sutileza e ingenio, destacando la variación del motivo central que recupera de forma alterada en el corte que abre el disco, “Ju-On 2”, donde se apoya en unos lúgubres y ominosos coros masculinos para darle profundidad y contraste a la melodía de la saga, reconvertida ahora en una cuasi-nana infantil de perturbadora sonoridad. La siguiente pieza, “Hitan” es Young en estado puro, un brillante pasaje de suspense y misterio resuelto con cuerda, piano y leve acompañamiento electrónico, deudor de los mejores momentos del compositor en el género, como en los temas centrales de “The Glass House” o “Judicial Consent”. Con “Gishiki” se abre brecha en la atmósfera musical de la serie, al aportar una nueva vía expresiva del terror con la inclusión de instrumentación étnica japonesa. Efectos de reverberación, golpeos y percusiones se entremezclan con efectos sintéticos creando una amalgama de sonidos secos, hirientes y desconcertantes. Así pues, tanto con lo familiar de los recursos clásicos -que no albergan secretos para el compositor como así lo demuestra, por ejemplo el corte “Higeki”- como con la experimentación de la nueva paleta orquestal expuesta en los cortes “Seme” o “Ritsuzen”, el músico exprime su expresividad atenazadora cada vez más hasta alcanzar al final su brutal conjunción.

Young despliega todo su poderío en los temas “Shikyo” y “Asuma”. A lo largo del primero asistimos tanto a la aparición de la cortante sonoridad de unas flautas japonesas como a una fantasmagórica voz solista marca de la casa que desgrana una hermosa y apagada melodía bruscamente interrumpida por un estallido orquestal. El segundo corte supone el desarrollo del salvajismo sonoro del compositor en su máxima expresión, con un fragmento atonal in crescendo donde primero fuerza el extrañamiento con coros y efectos acústicos al tiempo que cita lejanamente el tema central, para luego de forma rítmica y despiadada, alcanzar un climax asfixiante con chillidos de cuerda y percusión. Para el cierre de la trama se acude otra vez a una variación del tema principal en “Inochi”. Ahora con el empleo de los coros en menor medida y la introducción de la instrumentación japonesa, se resuelve la narración musical con una inquietante coda, desarrollada en base a un desasosegante motivo para cuerda concluido con unas notas de xilófono. De nuevo la banda sonora de “The Grudge 2” de Christopher Young no es un trabajo musical para oídos sensibles, más bien se trata de todo lo contrario, una propuesta arriesgada, cortante, honesta y contundente: la música del miedo.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.