Las leyendas nunca mueren. La banda sonora de “The Hateful Eight” de Ennio Morricone lo demuestra una vez más. Flamante ganador del Globo de Oro y nominado al Oscar por este trabajo, el autor romano es un icono dentro del cine y uno de los compositores más importantes en la historia de la disciplina. El camino que lleva a Quentin Tarantino a conseguir que su músico favorito componga para una película suya se inició bastante tiempo atrás, y su cine está plagado de momentos dedicados a lucir ciertos pasajes que allanasen el terreno en este sentido. Desde las dos partes de “Kill Bill”, pasando por “Death Proof” o “Inglorious Basterds, hasta “Django Unchained”, el realizador jamás ha ocultado su debilidad por la música italiana en general y por la de Morricone en particular. Pero resulta destacable que llegado el momento de la colaboración de facto, la insobornabilidad artística del músico se imponga por encima de la -muy evidente- idiosincrasia audiovisual de Tarantino, logrando un discurso plenamente inspirado por el sustrato dramático y conceptual de la cinta. Ennio Morricone ha compuesto la primera banda sonora original de Quentin Tarantino.

El olfato del maestro italiano jamás falla y su respuesta musical siempre es intuitiva y certera. Tarantino nos puede vender “The Hateful Eight” como un western en cualquiera de las variantes que más le gusten, pero Morricone sabe que la historia que propone es la del conflicto de ocho personajes atrapados en la nieve. Es por ello que su aproximación estética se incline hacia la asfixia minimalista de “The Thing” (no en vano se ha dicho que el italiano ha empleado aquí música compuesta para el film de John Carpenter que nunca se llegó a usarse en el mismo) y no tanto hacia el spaghetti de “For a few dollars more”, aunque ceda al género en dos ocasiones; primero en el motivo para caja de música de “La Musica Prima del Massacro” y al final con una rendición melódica de cariz entre elegíaco y castrense con la hermosa pieza “La Lettera di Lincoln”, de reminiscencias a “The Death of a Soldier” de “The Good, the Bad and the Ugly”. De entrada los títulos de los cortes están en italiano (lo que da idea del respeto reverencial por el músico), siendo el tema principal inmediatamente desarrollado en la extensa “L´Ultima Diligenza di Red Rock”, una sinuosa melodía para fagot, contrafagot y tuba complementada con batería (algo de los míticos créditos iniciales de “The Untouchables” resuena entre las páginas), que genera una desasosegante sensación de movimiento perpetuo in crescendo. Su segunda versión de mismo título, “Narratore Leterario” y la variación posterior en “I Quattro Passeggeri” ahondarán en lo retorcido y propulsivo de esta idea inicial.

Por otro lado están los fragmentos asociados al aislamiento y el frío que entroncan de lleno con la citada “The Thing” (1982), siendo el pasaje más extenso del trabajo “Neve” -de más de doce minutos y muy probablemente esas páginas inéditas recuperadas para la ocasión- y sus versiones acortadas posteriores, ejemplos de cuerda gélida y politonal de sello inconfundible, que describen a la perfección la aridez de un entorno hostil impregnado de cierta belleza trágica. Solo un genio puede transmitir esa dualidad con tanta precisión y sutileza. La acción aparece con urgencia en la rítmica percusiva de “L´Inferno Bianco”, la brutalidad con lacerantes cuerdas en “Sei Cavalli” y el impresionismo más bello y desconcertante en la atonalidad de “Raggi di Sole Sulla Montagna”. Incluso teniendo en cuenta las diversas referencias y el uso de material preexistente, la banda sonora de  “The Hateful Eight” de Ennio Morricone es un catálogo de virtudes sonoras, inteligencia conceptual, talento musical y excelencia narrativa. Una de las mejores bandas sonoras del pasado 2015 sin lugar a dudas.