Resulta maravilloso descubrir cada nuevo trabajo de Alexandre Desplat, pues salvando las pequeñas diferencias de grado y libertad entre uno y otro, el parisino sigue mantieniendo un currículo de lujo en cuanto a calidad y cantidad. No solo mantiene un ritmo irrefrenable, sino que consigue aupar a unos mínimos musicales más que dignos sus aportaciones más discretas y cohibidas por la industria (“Godzilla”, “Unbroken”) al tiempo que ejecuta exquisitos ejercicios de estilo y elegancia (“The Grand Hotel Budapest”) que encajan como un guante en las películas para la que son creados, abrazando además su lenguaje y visión sonora y mostrando con ello una coherencia e insobornabilidad encomiables. En esta línea encaja su último trabajo estrenado en nuestras pantallas.

La banda sonora de “The Imitation Game” de Alexandre Desplat es tanto un compendio de sus mejores maneras para un género (thriller dramático o  drama de suspense con trasfondo variable) que ya ha transitado con éxito previamente. Sus aportaciones para “The Ghostwritter” y “The King´s Speech” así lo atestiguan. Son especialmente destacables los puntos de conexión musicales del film de Polanski con la historia de Alan Turing, en cuyas aproximaciones conceptuales a la idea de la resolución de un problema o misterio, se emplea el minimalismo propulsivo durante las piezas más agitadas y dinámicas (“U-Boats”, “The Machine Christopher”). No resulta especialmente novedoso, más si atendemos a los lugares comunes de la expresión matemática en el lenguaje audiovisual del pretérito Horner (“Sneakers”) o últimamente de Zimmer (“Interstellar”), originarios de Steve Reich, pero aquí Desplat los retoma con su propio barniz estilístico, haciendo de su uso algo inconfundible y meritorio. Lo mismo ocurre con los contenidos momentos dramáticos, donde pequeños motivos para piano se desgranan con sutileza (“Farewell to Christopher”) o hálito esperanzado y liberador (“End of War”).

No obstante el elemento más destacable de la obra deviene en su emotivo y arrebatador tema central, al que somete a sentidas variaciones desde su arranque melancólico y evocador en “The Imitation Game”, hasta su desesperada versión en “Running” o su cuasi épica conclusión en “Alan Turing´s Legacy”. La calidad de esta melodía en su escritura, la nobleza y melancolía que refleja, así como la tersura y belleza que transmite, nos demuestran una vez más porque Alexandre Desplat es uno de los mejores compositores de cine en activo. Además, compuso la banda sonora de “The Imitation Game” en dos semanas y media. Impresionante.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.