La banda sonora de “The Mummy”, de Brian Tyler, es una nueva oda al exceso pirotécnico multireferencial del que suele hacer gala su autor. El proyecto cinematográfico en si mismo, un revival de los monstruos de la compañía Universal con nuevas versiones digitales muy caras ambientadas e interconectadas en el presente, demanda todo el músculo y espectáculo sonoro en el que Tyler está especializado. Observándolo desde este punto de vista, poco margen de maniobra tenía el músico para focalizar conceptualmente su aportación. Pero esto no es excusa cuando nombres afines de la industria son capaces de usar los mismos recursos con más imaginación y personalidad que la aquí mostrada. Baste citar los ejemplos recientes de las bandas sonoras de “King Arthur: The Legend of the Sword” de Daniel Pemberton o “Albion: The Enchanted Stallion” de George Kallis, como nuevas muestras de la disciplina a la hora de reinventar las ideas de siempre en el género de acción y aventuras. En cualquier caso Brian Tyler no ha venido a sorprendernos ni a modificar lo más mínimo las reglas musicales del blockbuster, sino más bien a todo lo contrario.

Las referencias a otros trabajos y autores americanos modernos son, como de costumbre, abundantes. Desde la base orquestal y coral de Jerry Goldsmith para su “The Mummy” de 1999 en toda la sonoridad global, pasando por el Danny Elfman de principios de los años 90 en “Prodigium” o el Hans Zimmer de “The Dark Knight” en “The Call of the Ancients”, Tyler no logra escapar del temp-track momificador. El grueso de la increíblemente extensa partitura (más de dos horas de música en la edición de lujo digital), recorre una y otra vez los clichés esperables; desde un tema central amenazador y ominoso para metales de cinco notas (hace su aparición en “The Mummy” y se repite de forma recurrente en “She is Risen”, “Unstoppable” o “Sepulcher”), pasando por el tema del protagonista, noble, dinámico y heroico (“Nick´s Theme”, y su versión aventurera en “A Sense of Adventure”), pasando por pasajes calmados y reflexivos (“Providence”), misterio esotérico decorado con las pinceladas étnicas inevitables (“Enchantments”), hasta la acción propulsiva plagada de percusión, coros y gran orquesta (“Sandstorm”, “Chaos, Mayhem, Destruction”, “Forward Momentum”) que ocasionalmente ofrece inspiradas pistas dentro de su atronadora polifonía como “Sand of Wrath” o “Concourse of the Undead”. El problema con tanto abuso de lugares comunes, es que al cabo de 100 minutos, el interés en la audición de la banda sonora de “The Mummy”, de Brian Tyler, ha desaparecido por completo en su sobreabundancia de estruendo y reiteración

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.