La banda sonora de “The Quiet Man” (1952), de Victor Young, es una de las más joviales, radiantes y festivas creaciones musicales de la historia del cine. No en vano acompaña a una de las mejores películas de todos los tiempos, “El Hombre Tranquilo” (en su título español), de John Ford. Fue el director quien pidió al músico introducir en la partitura algunas melodías populares irlandesas para hacer más auténtico y autóctono el comentario incidental, haciendo las veces de tema principal la famosa melodía “The Isle of Innisfree”, compuesta por Richard Farrelly en 1949. Pero Young no se limitó a usar y adaptar tonadas populares, pues suyo es el bellísimo tema de amor dedicado a la pareja protagonista que hará aparición en la pista ” Sean sees Mary Kate for the first time” y que conoce su versión plena en la deliciosa “Love Scene”, así como las variadas melodías secundarias que enriquecen en conjunto.

Es gracias al talento y facilidad del compositor para la melodía, que cada pieza incidental es en sí misma una pequeña joya de orfebrería musical, tan hermosa y sentida cuando toca (“Cottage Fireside”), como vibrante y animosa (” The Race”), o humorística y pastoral (“This Way!/Journey to Innisfree & Humble Cottage”). Las canciones locales (“The Wild Colonial Boy”, “I’ll Take you home again Kathleen”, “Galway Bay”) bañan la partitura con encanto y sin romper el tono que Young adopta para su música, haciendola fluir con la misma naturalidad y poesía que aquellas por el relato. Y es la dosificación de su aparición y el brillante empleo temático de la misma el que causa que el clímax resultante sea un prodigio de energía y contundencia, primero con la mejor versión del cómico y pegadizo motivo dedicado a la gran pelea (anunciado en la pista que abre el disco “Main Title & Castletown Opening”) en ” Prelude to the Big Fight” y estallando en la trepidante y contagiosa pista “The Fight”, uno de los pasajes más exultantes de la filmografia del compositor y por extensión de toda la disciplina.

El memorable cierre con “Finale and End Title”, aúna el tono gaélico con una gentil nueva melodía que se fusiona con el tema de amor y recapitula todos los temas destacados en un tour de force pletórico y arrollador que acompaña la despedida de todos los personajes, haciendo de la banda sonora de “The Quiet Man”, de Victor Young, no solo una de las grandes obras maestras de la música de cine, sino uno de los más robustos y perennes ejemplos de la emoción que una composición puede generar para las imágenes.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.