Las mieles del éxito suelen sonreir a los nombres que uno menos espera. Y a veces se lo merecen. La banda sonora de “The Theory of Everything” de Jóhann Jóhannsson es un buen ejemplo de esto. La película encaja como una pieza lógica en la sucesión de proyectos de su realizador James Marsh, autor de los destacados documentales “Man on Wire” y “Proyect Nim”, y su música, enraizada en el cariz melódico sencillo de ecos minimalistas, supone una convincente propuesta sonora que resulta tan apropiada para su tarea audiovisual como agradable en su escucha aislada. Su arranque nos retrotrae a los modos a la Reich que tanto hemos escuchado y mencionado ultimamente, en la concomitante y también nominada “The Imitation Game” de Alexandre Desplat, la igualmente finalista “Interstellar” de Hans Zimmer y las pretéritas obras de James Horner, en especial “A Beautiful Mind” por los motivos evidentes, con los juegos para pianos (que describían también la elegancia snob de Thomas Crown de la mano de Bill Conti) como protagonistas de ciertos pasajes destacados.

Pero Jóhannsson es capaz de ofrecer algo más que un recorrido amable por los clichés del biopic condescendiente en lo relativo a su música, generando, aparte de su maleable tema central, exquisitas variaciones a modo de scherzo en “Rowing” con sus diversas apariciones. Por momentos se viste de Desplat jugando a imitar sus valses cotidianos en “Domestic Pressures” y algo de Thomas Newman, Rachel Portman y Stephen Warbeck resuena entre las páginas con más buen gusto que plagio referencial. El drama anunciado se refleja en las lánguidas y estáticas cuerdas de “Collapsing Inwards” o “Coma”, pero enseguida sobreviene la superación en forma de inspiración y amor con orquestación colorida (“Viva Voce”, “Wedding”).

El relato avanza del modo esperable y la música cumple con los requisitos pertinentes de sugerir grandeza cósmica desde la contención electrónica (“A Spacetime Singularity”), la evolución de la efermedad (“The Stairs”), la vida familiar (“Camping”) así como los grandes logros intelectuales representados por discretas y elegantes piezas rítmicas con predominancia de la cuerda, en especial la viola y la celesta en contrapunto (“A Brief History of Time”) o el piano repetitivo con letanías a Pascal Gaigne (“A Model of the Universe”). Los últimos cortes de la banda sonora de “The Theory of Everything” de Jóhann Jóhannsson sintetizan y ejemplifican con su sencillez (drama melancólico, optimismo esperanzador, amor incondicional, etc…) que las ideas sonoras líricas y melódicas de aplicación más directa y evidente, funcionan sin problemas en un marco narrativo estándar.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.