Pocos, muy pocos compositores hoy día pueden alentar al aficionado solo con su nombre. La aparición en los créditos de una película de su presencia genera expectación y confianza. Sabemos que hagan lo que hagan, siempre aportan algo digno. Son más bien escasos y por ello debemos considerarlos tan preciados y cantar -en su justa medida- alabanzas a su obra en cuanto esta nos llega. Así pues; la banda sonora de “The Two Faces of January” de Alberto Iglesias es exquisita.

Porque Alberto Iglesias es uno de ellos. Ellos son un pequeño grupo en número decreciente que mantienen viva la llama de la esperanza en la música de cine. Ellos son pocos y cada vez que perdemos a uno resulta cada vez más difícil reemplazarlo. No voy a crear una lista cerrada ni mencionarlos a todos, pero sin duda y pese a que los tiempos actuales son malos para la lírica (entiéndase que no todas sus aportaciones actuales brillan a la misma altura que las de sus momentos dorados por necesidades del guión), Gabriel Yared, Alexandre Desplat y Pascal Gaigne (por citar solo a europeos) forman -para mí- parte de ese selecto club de artistas por pleno derecho. Ennio Morricone y John Williams permanecen como las leyendas vivas. Y los pocos que faltan quizás sean más discutibles y no vienen al caso.

Es un regalo encontrar auténtica música en una banda sonora actual. Desarrollo dramático e incidental tejido con inteligencia, sutileza y evolución sonora coherente. Una frase que ejemplifica, por contraste y comparación con la producción general, la escasez de talento en nuestros días. O la imposibilidad del mismo fuera de imágenes amigas. El añadir a esta fórmula el elemento crucial de la firma estética autoral, supone la guinda del pastel. Aunque esto es algo que Iglesias ejecuta continuamente sin proponérselo y sin aparente esfuerzo. Doble mérito. La banda sonora de “The Two Faces of January” de Alberto Iglesias contiene suspense, misterio y drama con tintes étnicos, filigranas instrumentales ejecutadas con sentido y propósito tanto emocional como narrativo, hermosos momentos solistas en las maderas, agitados fragmentos de urgencia para cuerda, polifonía y contrastes, cromatismo y profundidad, buena música (de cine) a fin de cuentas.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.