La banda sonora de “Tideland” de Mychael Danna y Jeff Danna para la película de Terry Gilliam parece a priori clara: la creación de un mundo de fantasía y color, con incoherencias estéticas y estilísticas, muy enraizado en el estilo de los clásicos de Danny Elfman, y con mayor amplitud, en las fantasías de Prokofiev y Stravinsky. En este aspecto, la presencia de los temp-tracks ha podido ser determinante en la definición de su carácter musical. Lo primero a destacar de la banda sonora es la presencia de un leitmotiv claro: la melodía ejecutada por la flauta en “I´m a Ghost”. Este tema es presentado en “Grandma´s House”, insinuado en “They Won´t be Out Until Tonight”, y así sucesivamente en la mayoría de las pistas del disco. Este leitmotiv, junto con dos motivos musicales con personalidad propia, constituyen el núcleo temático de la banda sonora. Estos dos motivos son la sección rítmica inicial en “Running from Del” (cuasi Elfman, que también aparece en “The Bog Man”), y la insinuación melódica con aires étnicos gitanos en “Corn Swimming” y “The Bad Place”.

El resto de la banda sonora de “Tideland” es un brillante juego de timbres, armonías y variaciones de los temas mencionados, con algún que otro bache en su desarrollo, pero de exquisita factura técnica. A destacar, en primer lugar, la paleta instrumental, con elecciones brillantes, como la utilización del dulcimer (o psalterium, instrumento medieval) en “Madrigal for a Mummy” o “The Bad Place”. También sorprende el uso de la zanfona en “Corn Swimming” (otro instrumento antiguo), o el sutil uso de los sintetizadores y efectos (“Hunting for Squirrels”), perfectamente empastados con el ambiente orquestal. En segundo lugar, el fino equilibrio del concepto de orquestación utilizado, y el trabajo de detalles consecuente: ningún instrumento está aparentemente falseado en la mezcla para destacar entre los demás, y eso que la paleta utilizada es amplísima: celesta, vibráfono, marimba, acordeón, piano, corno inglés, voz femenina, piccolos o percusión de todo tipo. La puesta en escena de las combinaciones y dinámicas orquestales es excelente y muy variada, y las posibilidades expresivas y articulaciones de todos los instrumentos está llevada a un altísimo nivel.

Interesantísimas son las insinuaciones estéticas étnico-medievales (en pistas como “Corn Swimming”, o “Madrigal for a Mummy”), los guiños al jazz (“Feather Boa”), las secciones camerísticas (“In the Chair with Daddy”) o las construcciones amagando politonalidad y aires posmodernos (“Under Water, el final de “Train Wreck”). Desde el punto de vista del desarrollo musical y temático, la banda sonora de “Tideland” parece ser bastante incidental y algo estática, sin puntos culminantes, un constante vaivén de variaciones de temas y colores que puede resultar, en ocasiones, una escucha algo plana, pero la creación de los hermanos Danna está llena de virtudes de forma, técnica y concepto musical.

Reseña de Manuel Ruíz del Corral.