La banda sonora de “Untraceable” (2008) de Christopher Young supone musicalmente el paradigma de la sencillez y el éxito a la hora de abordar un thriller de trama formulista, que en su apartado sonoro consigue la cuadratura del círculo en cuanto a la reinvención del estilo del compositor en su vertiente más pura y destilada. Si nos fuese ajena por completo la personalidad musical de Young, estaríamos asistiendo aquí a una de sus clases magistrales y por ende a todo un compendio de los patrones y aportaciones que ha ido realizando el músico a lo largo de bandas sonoras tan destacables como “Jennifer 8”, “Judicial Consent” o “The Glass House”, hasta alcanzar la maestría de títulos como “Copycat”, “Urban Legend” o “The Gift”. El trabajo se abre con “Untraceable”, una pista que ya desde sus primeros acordes de filiación inconfundible (piano, violines, cellos) presenta toda la atmósfera necesaria y la base orquestal de lo que será su tema central. Este, plenamente desarrollado en “Missing Flowers” resulta ser una hermosa y afligida melodía que dará juego para emplearla en posteriores fragmentos de tensión y misterio como “Death After Life After Death” o “Net Nuts”, donde se ejecutaran sinuosas variaciones de su frase inicial, un motivo recurrente en la carrera del compositor del que aquí se extraen infinitas variantes y matices.

El empleo de la electrónica resulta especialmente lúcido en su fusión con la orquesta durante el desarrollo de pasajes como “Session Locked” o el citado “Death After Life After Death”, mientras que momentos más reflexivos como “Gouldylocks”, con esas inquietantes cadencias marca de la casa, operan como interludios de falsa calma para dar paso a la intensidad de “Viewer Executioners”, con ominosos metales y obsesivo empleo de la percusión, o de “Incinerated in Cement” donde el empleo de la celesta contrasta con la contundencia de los contrabajos, en un alarde de orquestación y polifonía que se extiende durante más de siete minutos. Los grandes momentos de la banda sonora son “Acid Decomposition” y “Blinking the Code”. El primero se abre con cuerdas sostenidas y una nueva cita del tema principal interrumpida por desasosegantes golpeos de los arcos y angustiosos violines llevados hasta su asfixia, que preceden a un ejercicio de polirritmia digno del mejor Jerry Goldsmith. El segundo se inicia con un susurro del tema central sobre una persistente base rítmica para dar paso a una arrolladora danza sincopada donde el dialogo entre percusión, viento y cuerda -con el piano como elemento unificador- culmina una pieza portentosa.

Para cerrar de forma circular la narración -usando uno de sus recursos favoritos- el músico acude a la melodía central en “Kill With Me” con una exquisita variación para piano en el meridiano de la pieza, en la que de modo liberador se roza el ambiente pastoral con un lirismo contenido y melancólico. Un estupendo broche para la banda sonora de “Untraceable” de Christopher Young, una partitura de exquisitas cualidades musicales audiovisuales que ejemplifica la calidad a la que cierto tipo de productos fílmicos deberían aspirar en todos sus apartados.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.