La banda sonora de “Valerian and the City of a Thousand Planets”, de Alexandre Desplat, supone a distintos niveles un significativo desquite para el compositor parisino tras el rechazo que sufrió su música original durante la postproducción de “Rogue One: A Star Wars Story”. Entre los muchos problemas que tuvo la primera película del universo “Star Wars” ajena a la saga central, la sustitución de su banda sonora fue el más notable entre los aficionados a la música de cine. Que poco después Desplat fuese fichado por Luc Besson para la adaptación al cine del popular y longevo cómic europeo “Valerian” (1967), de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières, que inspiró visual y conceptualmente (Darth Vader, Han Solo congelado en carbonita, el Halcón Milenario o la cantina de Mos Eisly, entre otras referencias, provienen de los primeros álbumes de Valerian) todo el aspecto de “Star Wars: A New Hope” (1977), parecía una carambola profesional a su medida. De este modo Desplat parece completar una pirueta cósmica en la que, quizás, parte de la música que iba dirigida hacia el universo de “Star Wars”, acaba en el universo de “Valerian” que inspiró el primero en buena medida. La ironía está servida.

En cuanto al apartado puramente musical, la banda sonora de “Valerian and the City of a Thousand Planets”, de Alexandre Desplat, propone un elaborado tapiz sonoro que alterna el frenetismo en la acción esperable de una cinta de aventuras espaciales, junto a un variado número de ideas melódicas y conceptuales que ilustran la riqueza y complejidad de los mundos, personajes y situaciones que los protagonistas, Valerian y Laureline, conocerán en sus andanzas. Todas correctas, ninguna sorprendente. De este modo el trabajo se puede dividir en estas dos líneas, siendo la propulsiva de los pasajes de acción, un ejemplo de polifonía y construcción orquestal coherente y progresiva. La primera pista destacada en este ámbito es “Bus Attack”, que lanza un sinfín de ritmos e ideas para metales y percusión que recuerdan a John Williams, pero que Desplat se apresura en mezclar con efectos electrónicos y con su inconfundible cuerda cinética, haciendo de la amalgama toda una declaración de intenciones. Siguen este camino “Spaceship Chase”, “Valerian in Trouble”, “Valerian´s Armor”, “Boulanbator Combat” o “Final Combat”, que van esparciendo pequeños matices en su arquitectura y colorido, haciendo de su evolución un pequeño juego de intensidades y contrastes de lo más interesante.

En el ámbito descriptivo del universo “Valerian”, la pieza “Big Market”, propone el tema central de la banda sonora, con un amable y reconocible arranque para pizzicati y piano introduciendo un tema entre cómico y desenfadado de aires detectivescos, que se torna en una fanfarrica heroica, ilustrando de una sentada todo el espectro emocional y personal de la pareja protagonista. Se retomará con guiños jazzísticos en “Reading the Memo” o con espectacular variación aventurera en “Flight Above the Big Market”. El pasaje “Arriving on Alpha” sugiere misterio con la pulsión sintética habitual de Desplat de fondo. “Medusa” plantea un nuevo motivo circular in crescendo para teclados y orquesta, ampuloso y épico. “Pearls on Mul” se torna impresionista inicialmente, como una fantasía pastoral, dando paso a una hermosa melodía para cuerda y maderas -de nuevo con John Williams en la memoria- acompañada de coros, que se tornará lúgubre y amenazadora. No faltan las intervenciones trepidantes y heroicas como “Showtime”, el peligro ominoso y manifiesto de “Submarine”, la reflexión dramática calmada de “Shoot”, “Bubble” o “I Am a Soldier”, los momentos estrambóticos como la marcha entre bufa y solemne de “Le souper du Roi” o el gran final para orquesta y coro de “Pearl´s Power”.  Todo en la banda sonora de “Valerian and the City of a Thousand Planets”, de Alexandre Desplat, funciona con la precisión de un juguete bien ensamblado, hecho para disfrutar y resultar entretenido, aunque quizás se le podría echar en falta a este mundo musical de “Valerian” algo del atrevimiento e imaginación iconoclasta de Eric Serra, el compañero previo habitual de Luc Besson en la gran pantalla.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.