La carrera profesional de Jeff Rona no logró sobrepasar, en lo que a las grandes ligas de Hollywood se refiere, la barrera de su único y escaso éxito cinematográfico con la irregular película de Ridley Scott “White Squall” (1996), un drama marítimo y juvenil sobre el naufragio de un barco escuela a principios de los años 60 inspirado en hechos reales. Ocupando el lugar final de nombres tan destacados como los rumoreados John Barry, James Horner o Vangelis, como el oficial declinado de Hans Zimmer, el ayudante y arreglista consiguió el proyecto por recomendación expresa del músico alemán. Con escaso margen compuso una partitura memorable que se cuenta entre las más destacadas surgidas en el seno de la filial Media Ventures durante la década de los 90. La banda sonora de “White Squall” de Jeff Rona es un rico y emotivo recorrido musical que va desde los retazos new age, al intimismo electrónico, pasando por los ribetes étnicos celtas o un desolador dramatismo orquestal.

El trabajo se abre y se cierra con una melodía triste y elegíaca para saxofón, cuerda y coros sintetizados en las pistas “Still Waters” y “The Return Home”, evocando una melancólica sensación de pérdida y lejanía. El tema central propone una idea diferente, más emotiva y esperanzadora que se desarrolla de modo intimista con arpa y maderas en “Departures”, se recupera de forma noble y épica en “Power of the Wind”, y finalmente añade nostalgia a su rendición para flauta y trompeta en “Ringing Out”. Se esparcen pasajes que combinan percusión y orquestación caribeña como “The Journey Begins”, con ribetes celtas plenos de vitalidad en “A Wonderful Sail”, hasta heterogéneas mezclas estéticas como “Galapagos” que aúnan ambas ideas fusionándolas con la hermosa melodía principal. De este modo Rona va añadiendo colorido a la partitura al tiempo que propicia contrastes en los pasajes más tensos como la segunda parte de “On the Water/Dolphins” de agresiva percusión rítmica y cinéticas cuerdas esbozando un motivo de dos notas cortantes, o “The Cubans/New World” que retoma esa idea amenazadora con agresividad para diluirla en sintetizadores.

Sin embargo y como buen discípulo de Zimmer, el músico se guarda un último as para el clímax dramático del relato con el corte “White Squall (Lifeboats)”, un adagio para cuerdas de lacerante intensidad que desgrana, pasado el ecuador de su duración, una bellísima nueva melodía para violonchelo (con ecos a la partitura original de “The Fan” de, por supuesto, Hans Zimmer) y da paso a un cierre luminoso con cita al tema central. De este modo se completa la rica, variada y hermosa banda sonora de “White Squall” de Jeff Rona, que permanece como el trabajo más estimulante de este desaprovechado compositor.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.