La nueva composición de un cada vez más espaciado en el tiempo y los proyectos de interés, James Horner, retoma una de las colaboraciones clave de su carrera. La que iniciase en 1986 junto a Jean Jacques Annaud con “The Name of the Rose”, que continuaría quince años más tarde con “Enemy at the Gates” y otra década después en “Black Gold”. De esta intermitencia prolongada puede columbrarse una suerte de deriva e insistencia estética en el cine del realizador y la música del compositor. Obcecados ambos en contar lo mismo de la misma forma periódicamente uno (“The Bear”, “Two Brothers” y “Wolf Totem” ahora el director galo) y continuamente el otro (las referencias motívicas y rítmicas de la obra que nos ocupa vienen de lejos en el caso del músico, como el tema de acción percusiva y rítmica de “Sneakers”, “Apollo XIII” o “Clear and Present Danger” de nuevo recuperado aquí). Son tal para cual.

La banda sonora de “Wolf Totem” de James Horner supone -una vez más- la quintaesencia del discurso agotado, reiterativo y exhausto de un sinfonista con pasado de gloria y muchas referencias en la manga. Capaz todavía de armar un discurso orquestal con tanta pericia y coherencia como solo uno de los grandes del pasado reciente de la disciplina podría, pero recurriendo y abusando de giros y frases melódicas totalmente reconocibles y entresacadas de obras carismáticas de su catálogo y por ello tan sangrantes en su aplicación continuada. Parte de un tema sencillo y retentivo de seis notas con aires nobles y aventureros (“Leaving for the Country”), de ecos a su reciente melodía para “The Amazing Spiderman”, que retuerce con habitual pericia y usa en momentos épicos con la consiguiente dosis de -innegable- emoción (“Haunting the Wolves”). El shakuhachi tiene su hueco y por supuesto el parabará de Rachmaninov hace su aparición para no defraudar a los fans. Todos los clichés tienen su momento, y todo se repite con la predecible precisión de un reloj de cuco. Solo quedan añadirle unas pizcas de orquestación exótica y étnica para describir el paisaje y el resultado está listo para servirse. Lo más frustrante y meritorio desde el punto de vista del autor, es que su música sigue funcionando estupendamente en el contexto audiovisual en que se encaja, aunque se limite a agitar la misma coctelera con los mismos ingredientes una y otra vez.