La banda sonora de “X-Men Origins: Wolverine”, de Harry Gregson-Williams, es una muestra más de la imposibilidad manifiesta, por parte de ciertos compositores, de salirse de las marcas cuando participan en grandes eventos cinematográficos en los que se les exige sumisión emocional y artística. Es precisamente en esos hitos comerciales, donde se puede vislumbrar si la veta creativa de un compositor de música de cine puede sobrevivir a base de inspiración y terquedad, al menos en ciertos fragmentos o ideas de su aportación al evento industrial. Gregson-Williams pocas veces ha destacado en este aspecto (con la banda sonora de “Kingdom of Heaven” quizás) y su trabajo para “X-Men Origins: Wolverine”, es un ejemplo palmario de lo antes expuesto; mínima aportación temática o lírica, nula progresión dramática, escasez de construcción formal o creación conceptual y uso genérico de la batería habitual de recursos bombásticos en la disciplina moderna.

De este modo, parte de un prototípico tema central para metales y percusión, “Logan Trough Time”, que sugiere el carácter agresivo pero noble del personaje central, tiznado de una pátina de dramatismo. Acudirá al mismo sin ninguna imaginación o desarrollo en momentos puntuales donde el héroe demuestra heroísmo y lo contrasta con la única melodía aceptable -lo único salvable de toda la composición- asociada al amor del protagonista en “Kayla”, un lánguido pero agradable tema para teclado y cuerda sostenida de mínimo impacto. El resto de la obra oscila entre pasajes atmosféricos sin interés alguno (“Special Privileges”, “Victor Visits”) y momentos de acción plana y reiterativa (“Logan Meets Gambit”, “The Towers Collapse”), donde ocasionales ritmos electrónicos libran, momentáneamente, del sopor el conjunto de la muy mediocre banda sonora de “X-Men Origins: Wolverine”, de Harry Gregson-Williams.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.