7:30 de la mañana, amanece muy despacio… Me dispongo a desayunar, café, zumo y unas tostadas cuando en la primera página del periódico leo una sorprendente noticia: “Bruce Broughton visitará España este próximo verano. El compositor norteamericano será el invitado de honor al Concierto de Clausura de la Universidad de Sevilla donde interpretara algunas de las obras más conocidas de su amplio repertorio, como son “Young Sherlock Holmes”, “Tombstone”, “Silverado” o “Lost in Space””, como echo de menos un suite de su obra “Harry and the Hendersons”. [Continúo leyendo] “Con posterioridad Broughton se trasladará a la ciudad de Tenerife para participar como director invitado en el gran concierto de clausura del Fimucité”. Teniendo en cuenta la escasa actividad compositiva que el músico tiene en la actualidad esta fantástica noticia, que sin duda lo es, plantea algunas cuestiones relacionadas con la realidad musical de nuestra época. Dudo bastante que el autor de “Tombstone” o “Young Sherlock Holmes”, entre otras muchas, se haya quedado única y exclusivamente para aparecer como invitado en un par de festivales, eso sí, premio más que merecido a toda su carrera profesional… Estás y otras cuestiones pudieran ser discutidas en otro foro, pero aquí quedan reducidas a la mínima expresión si tomamos como referencia su fantástica y elogiada obra “Young Sherlock Holmes”.

La influencia que John Williams ha tenido sobre la música cinematográfica de las últimas décadas ha sido de tal calibre que muchos críticos no han dudado en afirmar que es el músico cinematográfico más influyente de todos los tiempos. Tomando como cierta esta afirmación, al menos en parte, la debemos considerar solo como una verdad a medias, pues no podemos obviar la enorme influencia de otro de los grandes maestros de la música contemporánea, Jerry Goldsmith. Para la película “Young Sherlock Holmes”, dirigida por Barry Levinson, Bruce Broughton firma una espectacular partitura -editada por el sello Intrada-donde las melodías son tan buenas que cualquier referencia al maestro queda perdonada. Como si de los vértices de una pirámide se tratara tres son los leitmotivs que dan forma a esta gran aventura musical; en lo más alto de la pirámide su “Main titles”, poderoso y enigmático, donde Broughton desarrolla el leitmotiv principal que a modo de obertura presenta las dos caras de la aventura. En la base encontramos el tema de Watson “Watson´s Arrival”, su fiel escudero, una idea delicada y refinada que Broughton utiliza para describir el sentido épico de la aventura, una melodía de las que uno nunca olvida; y por último, el leitmotiv de los “malos”, por así decirlo “Rame Tep”, un especie de marcha ceremonial donde los metales y los coros conducen in crescendo hacia ese gran sacrificio que Broughton describe con grandes dosis de intensidad. Por tanto estas tres ideas o vértices definidas y muy bien construidas –narradas con precisión- hacen de esta partitura una de las mejores aventuras de los últimos tiempos.

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.