El continuo y publicitado trabajo de Hans Zimmer dentro de la industria americana del espectáculo y el entretenimiento no es óbice para que el compositor se embarque ocasionalmente en viajes cinematográficos de calado dramático comprometido bien por concienciación propia o por aspiraciones de reconocimientos artísticos varios en el horizonte. Sea como fuere el director Steve McQueen ya había desvelado su admiración por la música del alemán con la banda sonora de su film previo “Shame” donde el temp-track con “The Thin Red Line” marcaba a fuego las dos grandes secuencias de aquella estupenda cinta. Ahora contando con el propio Zimmer para satisfacer sus necesidades narrativas podemos comprobar que la unión da sus mejores frutos.

La banda sonora de “12 Years a Slave” ofrece la mejor composición de Hans Zimmer desde “Inception”, acercándola desde luego a la mencionada “The Thin Red Line” en intenciones conceptuales, tanto en el tono existencial como en el tratamiento lánguido y contemplativo del dolor, pero también adquiere una inusual gravedad en momentos como el secuestro del protagonista con una violenta y árida pista para espeluznantes percusiones, o decadentes pasajes diegéticos con forma de bailes y danzas de cariz americano sureño. No obstante el gran asidero temático de la creación es el tema central dedicado a Solomon, el hombre libre que se ve engañado y encadenado, convertido en esclavo durante esos doce años a los que hace alusión el título de la película. Esta melodía, hermosa y reflexiva, cargada de melancolía y dignidad sirve de eje sobre el cual pivotar en algunos momentos clave de la historia.

En una cinta de más de dos horas, Zimmer apenas alcanza los 38 minutos de composición original, siendo el material incidental de menor duración todavía, lo cual da cuenta de lo medido de su intervención así como lo preciso de ella en los momentos oportunos, logrando con ello un impacto mucho mayor al de la saturación habitual de la música de cine en el mainstream hollywoodiense. El disco oficial sin embargo apenas representa más allá del tema central la partitura del compositor, aunque circula por la red, para disfrutar al menos de su audición, el trabajo completo distribuido en su momento en círculos exclusivos como disco promocional con intenciones de conseguir una nominación a los Oscar que nunca llegó. En este caso inexplicablemente, pues la banda sonora de “12 Years a Slave” de Hans Zimmer resulta tan magnífica en su aplicación audiovisual como estimulante en su escucha aislada.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.