El compositor norteamericano Joel McNeely nunca ha tenido la suerte comercial que merecía. De émulo y sucesor menor de John Williams a mitad de los años 90 en productos como “The Young Indiana Jones Chronicles” y “Star Wars: Shadows of the Empire”, pasó a copar títulos de cierta relevancia y calidad como “Terminal Velocity, “Flipper” o “The Avengers”, entregando en el campo del drama un par de títulos realmente destacables como fueron “Sally Hemings” y “Lover´s Prayer”.  Pero el cambio estético imperante en Hollywood a raíz de “Gladiator” de Hans Zimmer y el cambio de siglo, no le sentaron nada bien.

Acostumbrado, como Bruce Broughton, Basil Poledouris y otros nombres afines al neo-sinfonismo melódico como camino expresivo central de sus obras y a un tipo de lenguaje musical diferente al imperante ahora, no consiguió sobresalir a partir de entonces más que en modestas producciones animadas para Disney -reducto último de Broughton también- basadas en el personaje de Campanilla o secuelas como “Mulan 2”. Pero ultimamente parece  querer recuperar el crédito nunca alcanzado, retomando su labor dentro de producciones de cierto calado popular como esta que nos ocupa. La banda sonora de “A Million Ways to Die in the West” de Joel McNeely se enmarca dentro del mejor escenario posible para un músico de sus características; la comedia paródica de género clásico. Y lo es porque le permite recurrir a una expresividad orquestal y lírica emparentada a los grandes nombres de dicho género (el Western en este caso) haciendo del homenaje sentido la parodia, y del cliché la fuerza motriz de su discurso sin tener que desvirtuarlo, al aportar con su música la pátina de contraste incidental y paisajísticamente “serio” que la película en cuestión necesita.

Así pues su trabajo sobreviene en un recorrido de lo más entrañable y entretenido por los grandes compositores que han hollado el western, empezando por la canción con aires a lo Dimitri Tiomkin, seguida de un tema central en los “Main Titles” de sabor netamente americano con Aaron Copland y su referencial “Rodeo” en la memoria, para pasar a las citas continuas a Elmer Bernstein o Jerome Moross, ofreciendo una serie de lugares comunes tan logrados como perfectamente ejecutados. No existe novedad o innovación alguna en lo que el músico nos ofrece, pero su construcción melódica es impecable, su orquestación exquisita y el resultado es una partitura elaborada y disfrutable. La banda sonora de “A Million Ways to Die in the West” de Joel McNeely es un auténtico placer culpable.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.