Michael Small forjó su relación profesional más importante con el director Alan J. Pakula (al que acompañaría en nada menos que diez ocasiones), poniendo música a su trilogía de la conspiración y la paranoia imbuida por la turbulencia política americana de los años 70 con “Klute” (1971), “The Parallax View” (1974) y “All the President´s Men” (9176). Films todos ellos acompañados por una ilustración musical tan acertada como austera, relegada a un segundo plano de protagonismo, pero de enorme capacidad descriptiva gracias a unos trazos simples y directos. El género de su siguiente cinta, “Comes a Horseman” (1978), suponía un radical cambio de registro para Pakula y sus habituales colaboradores, desde el director de fotografía Gordon Willis (habituado a los claroscuros interiores urbanitas), hasta su músico de confianza Michael Small, que le había acompañado en tres títulos previos más versados en historias intimistas, de suspense y sin la gran escala paisajista que habitualmente luce por defecto un western.

El compositor se aproxima a la historia con la mayor honestidad y firmeza, empleando para ello un lenguaje puramente americano, basado en el folk y la orquestación coplandesca de la mano de Jack Hayes. La banda sonora de “Comes a Horseman” de Michael Small es una partitura sólida que se mueve por los cánones del género con soltura y elegancia, desde su lírico inicio con un animoso tema central (con aires al “Flim Flam Man” de Jerry Goldsmith y con ello al mítico “Rodeo” de Aaron Copland) de ciertos tintes melancólicos para guitarra y armónica en “Theme from Comes a Horseman – Main Title”, hasta los pasajes más vivarachos y rítmicos para plena orquesta de “Ramuda” o “Roping”. Asimismo el romanticismo continúa en pistas como “The Funeral” o la hermosa balada dedicada a la protagonista en “Stargazer” (con el piano como voz principal) y su continuación en “Ella at Eventide”, donde el segundo bloque “Round up” culmina la mejor pieza aventurera.

El contraste violento a la delicadeza de cortes como “Farewell to Dodger” o “Windmill” (un hermoso momento para doliente cello y armónica), viene dado en los instantes que sugieren amenaza, como el agresivo “Ewin Sets Fire”. La resolución de la trama se abrazará directamente a Elmer Bernstein con la rítmica percusiva de “Shoot Out and Embers”, que se cierra poéticamente con una cita del tema de Ella. El sentido “Finale”, con una variación para orquesta del tema central, sirve de epílogo y da paso a los créditos finales de la cinta en la versión original concebida por Small, un recorrido pletórico por los momentos más destacados de este fantástico trabajo.

El disco oficial de Intrada incluye pasajes musicales no empleados en el film como “J.W. Gets Rough”, “Frank Prepares” o la especialmente destacable “Oil vs. Cattle” (un prodigioso y extenso pasaje de acción dramática), que demuestran el enorme talento de un músico en plenas facultades, que vio finalmente modificadas algunas de sus decisiones en favor de ciertas reiteraciones de otros pasajes previos. Su inclusión en el orden narrativo que les hubiese correspondido, hace de la banda sonora de “Comes a Horseman” de Michael Small un ejemplo de brillantez compositiva y habilidad en la narración audiovisual.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.