La banda sonora de “Daybreakers” de Christopher Gordon ilustra una cinta de vampirismo ucrónico futurista en la que el compositor da rienda suelta a su vena sonora más espectacular. El arranque del disco editado por la compañía Lionsgate, con “Inmolation”, es un crescendo ominoso y lúgubre que explota en un tutti evocador y rotundo con Elliot Goldenthal en el recuerdo. Los inevitables pasajes atmosféricos pronto aparecen en el trabajo durante pistas sostenidas y lúgubres como “Nightfall”, o de modo algo más afligido en “Humans” con intervención de figuras lastimosas a la cuerda. El discurso se torna en amenazador y agresivo con “Subsider”, donde destaca una ominosa intervención coral, para saltar a la acción más agresiva y contundente con “On the Run”, un arrollador fragmento percusivo de aires orientales que junto a su homólogo posterior “Ambush”, recuerda a las adrenalínicas piezas de Bear McCreary para la serie “Battlestar Galactica”.

Gordon entrega en “The Winery and the Cafe” una hermosa y delicada melodía de filiación inconfundible, sobre la que las cuerdas y las maderas realizarán una rendición emotiva y conmovedora antes de tornarse en un crescendo coral desasosegante. Este tema que apela a la esperanza del ser humano tendrá su lógica continuación en la espectacular pista “Fermentation Tank”, donde fanfárricas intervenciones a los metales anuncian la conversión de vampiro a humano del protagonista, que se logrará a lo largo del vibrante corte “Resurrection”, donde se mantiene dicha idea superpuesta a una rítmica obsesiva. La intervención coral más impresionante la tenemos en “Dought”, un terrorífico e impactante fragmento atonal deudor del mejor Ligeti, que contrasta con la emoción incontenible de “In the Sun”, a modo de dramático réquiem previo al estallido final, de nuevo potenciado por unos soberbios coros. De este modo se alcanza el clímax de la partitura con el tour de force de más de once minutos “Spreading the Cure”, recorrido magistral por todos los registros del género. Desde su inicio con patéticos chelos, pasando por el estallido percusivo más apabullante aunado con coros, hasta la épica aparición del tema humano con variación heroica para metales incluida, que concluye con la recuperación del tema de apertura, dando estructura circular a la aventura y cerrando una pista memorable.

Para los créditos finales el músico compone una pieza autónoma que da estructura a todos los elementos temáticos y motívicos escuchados a lo largo de la cinta con el tema “Daybreak”. De este modo concluye la banda sonora de “Daybreakers” de Christopher Gordon, que demuestra una excelente forma y consigue cumplir muy por encima de la media con un trabajo que aporta emoción, unidad y espectáculo a las imágenes, ofreciendo al aficionado una audición aislada de primer orden.