La banda sonora de “Deadpool 2”, de Tyler Bates, propone una continuación sonora lógica y coherente a las ideas de Tom Holkenborg para “Deadpool“, el simpático personaje de Marvel coloquialmente llamado el mercenario bocazas. Quizás por imposición del estudio o simplemente por incapacidad para salirse de los parámetros impuestos por el mainstream, el compositor se las arregla para resultar tan apabullante y variado como puede, dentro de sus limitaciones, en cada nueva escena a la que le toca poner música. Un compendio estilístico de lo más heterogéneo (y anárquico en su aplicación) en el que se dan cita fanfarrias, coros, electrónica, guitarras eléctricas y el resto de elementos bombásticos imaginables. Pero siendo la parodia y el metalenguaje parte esencial del universo de Deadpool, Bates -en consonancia con el espíritu del personaje- puede superar sin sonrojarse los límites de la sonorización moderna para, pasándose de rosca, recuperar el uso de motivos y pequeños temas de calado épico, al tiempo homenaje burlón y ejercicio de sinfonismo, que decoran parte  del recorrido.

El arranque con la pista “X-Men Arrive” es un ejemplo perfecto de lo comentado, con un prólogo para metales con aires a John Barry (o sus versiones modernas asociadas a los mutantes: John Powell en “X-Men: The Last Stand” y Henry Jackman en “X-Men: First Class”), seguido de un tema heroico y fanfárrico para plena orquesta que podría ser tanto una parodia -por lo exagerado- como una destilación de todos los temas modernos de superhéroes, incluido el fundacional de John Ottman para “X-Men 2” como referencia primaria. Su versión macarra posterior en “Hello Super Powers” deja entrever cierta similitud estructural con el tema de Brian Tyler para “Iron Man 3” (todo queda en casa, de las ideas), aunque la más disfrutable la encontramos en “Docking”. Los coros apocalípticos del segundo corte, “Fighting Dirty” (que podemos hermanar, de nuevo, con las ideas de John Ottman para “X-Men: Apocalypse“), dan idea de la nula construcción gradual de intensidad en el conjunto,. Aunque la partitura editada apenas pasa de los 37 minutos, hay tiempo para aburrirse en “The Orphanage” y “Genuine High Grade Lead”, con pastosa electrónica genérica y ambiental. Por otro lado, toda la sonoridad asociada a Cable tiene bastante del estilo postmoderno de Trevor Rabin, como así se puede apreciar en “Mutant Cowboy” o “The Name is Cable”. Todo ello hace de la banda sonora de “Deadpool 2”, de Tyler Bates, un batiburrillo tan aturdidor como superficial que apenas sirve como puzzle multirreferencial en su audición externa a la película.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.