La banda sonora de “Disobedience”, de Matthew Herbert, supone la confirmación del talento de un músico poco conocido hasta la fecha, pero que merece la atención del aficionado a la música de cine si medimos su capacidad por los dos trabajos destacados que ha entregado a la disciplina, que son “A Fantastic Woman” y la obra que ahora nos ocupa “Disobedience”. Si en la primera su lirismo fresco y directo, alejado de los clichés orquestales americanos, lograba desarrollar la idea de la dignidad en torno a un amor inusual con una firmeza y dulzura arrebatadoras sin caer en ningún tipo de artificio, ahora da un paso más allá con la traslación sonora de la relación entre dos mujeres en un ámbito constreñido y opresor. Para ello evita el comentario romántico de forma directa, pero construye un pequeño mundo emocional tan poliédrico como fascinante.

Herbert opta por una orquestación minuciosa de pequeñas células motívicas y de atmósfera surreal en torno a una agrupación instrumental reducida pero de gran expresividad. Metales de gran nitidez, ecos percusivos de efecto hipnótico, cuerda intimista en registros altos, elementos electrónicos de sonoridad cristalina, todo ello combinado con un exquisito sentido del equilibrio da lugar a pistas fascinantes como “Beasts & Angels”, con la que se abre la banda sonora, “Shower” o “Consecuences”. Pero también encuentra la forma de traducir ese concepto etéreo en algo malsano e inquietante con una ligera variación en el choque conceptual de “Pharmacy” y “Looking for Esti”. Al igual que logra aumentar la tensión de forma gradual en el  pasajes finales “Hesped”, para cerrar de forma gélida y sosegada con “You Are Free” y “Goodbye”. Todo ello convierte la banda sonora de “Disobedience”, de Matthew Herbert, en una de las más agradables sorpresas recientes dentro del panorama internacional de la música de cine, y su autor un nombre a seguir.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.