La banda sonora de “En las estrellas”, de Iván Palomares, descoloca por rara y por buena. Con rara quiero decir artesana y no extravagante. La mayoría de músicos actuales se dedica a secuenciar y todos esos mecanos multipistas suenan igual: prefabricados, lineales, aburridos. Pero la última banda sonora del muy talentoso compositor, orquestador y director madrileño Iván Palomares -que puede además presumir de un aceptable corpus de obras de concierto- está escrita a mano alzada y se ha cocido como el pan de esos obradores molones y barbudos que parecen haber monopolizado la famosa moda de lo lento. Así que también es artesana por intransferible: “En las estrellas”, la película, podría tener otra banda sonora, pero la que tiene no podría ir cosida a otra película sin causar un estropicio. Zoe Berriatúa, quien aparte de cineasta es melómano de buen yantar, le pide a Palomares una música romántica, decadente, onírica, neorrealista, nostálgica, clasicota, con aroma a cine mudo, a Rota, Honegger y Shostakovich, y Palomares le da todo eso soslayando la retromanía y el calco.

Inspirado por esta oda de Berriatúa al creador anacoreta y heroico, “En las estrellas” es una partitura donde los violines vuelan sin miedo al legato y la orquesta -la OSRTVE- dice a lo grande. El tema central, muy hermoso, es un vals que suena a roto, a tristura, y el pianista Eduardo Frías lo toca como si fuera cristal de Murano. Pero hay mucho más: divertimentos y persecuciones en vivace que dan juego a la madera (“Huida de la clase de gimnasia”, “Esquivando a la policía”), pasajes texturales y disonantes para celesta, timbal y vibráfono que nos viajan a lo celeste (“Ángela en la bañera”, “¿Te has olvidado de mí?”) y un trabajo armónico y contrapuntístico -atención a las dos versiones de “Víctor en su casa quemada” o “El decorado del cine distópico”- la mar de serio. De remate, unos “Créditos Finales” apabullantes donde Frías, Mª Teresa Gómez -viola- y el concertino Miguel Borrego se van turnando el tema central con expresión llena. Una de las mejores bandas sonoras del año. Así de claro.

Reseña de David Rodríguez Cerdán.