La capacidad adaptativa de Dario Marianelli es digna de elogio. Tras ganar el oscar por “Atonenment” en 2007 ha venido desarrollando una carrera cuasi bipolar, donde la producción de calidad (“Jane Eyre”, “Anna Karerina”) se da la mano con los títulos alimenticios aceptablemente bien perfilados (“Eat, Pray, Love”, “Fishing Salmon in the Yemen”) e incluso se intercala alguna incursión en el mainstream más convencional (“Wild Card”, “The Boxtrolls“). Entre estas dos últimas categorías podemos incluir la banda sonora de “Everest” de Dario Marianelli. Un trabajo que no desentona con los patrones actuales; rítmica cíclica preponderante aderezada con motivos sencillos, uso de gran aparato orquestal supeditado a una sonorización acotada y medida, ausencia de romanticismo o gran impacto melódico, etc… Pero que logra sobreponerse a sus limitaciones por su sentido de la medida y capacidad atmosférica.

La composición se divide entre pasajes contemplativos de cierto tono espiritual, una suerte de llamada mística de la famosa montaña que da título al film y que se traducirá en su tema central de siete notas “The Call”, cuya continuación conceptual alcanzará el climax en “Summit” a modo de crescendo épico, recuperando variaciones en “Last Words” o la hermosa y afligida “Beck Gets Up”. Instantes situacionales que apelan a una orquestación étnica (campanas tibetanas, cantos religiosos, etc…) como “Setting off Kathmandu” y “Arriving at the Temple” aderezan algo la variedad del conjunto. Mientras que los pasajes más dinámicos y enérgicos como “First Trek”, “The Lowdown” y “A Close Shave”, emplean percusión animosa, cuerda cinética y metales heroicos se funden con soltura -mostrando un pequeño motivo entre heroico y fanfárrico- hay otras pistas más morosas e insustanciales, puramente incidentales y de escaso atractivo como la extensa “Time Rus Out” o el plano y anticimático “Chopper Rescue”. El músico se resarce con la pista final “Epilogue”, donde un bello diálogo entre piano y violín convierte en recurrente la idea de la llamada gracias a la intervención de una lánguida y lejana voz solista. La banda sonora de “Everest” de Dario Marianelli deviene en un ejercicio efectivo y funcional, cumplidor y bien moldeado que ni sorprende ni ofende, pero tampoco perdura en la memoria.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.