El Teatro de Mr. Barrie

¿Qué es el teatro?, preguntó el productor Charles Frohman a Barrie durante uno de los ensayos de Peter Pan. Tras un profundo e interminable silencio, esculpido sobre la perdida mirada del escritor, el propio Frohman contestó, ficción, amigo mío, ficción… Quizás no sea la definición más académica del término, seguro que no, como tampoco lo será si buscamos en su raíz una definición literal del concepto… ¡qué no!, que no es esa la cuestión, pero bajo el crisol de emociones que dan forma a la mágica obra de Barrie se puede decir que si es la más poética de todas, y es que, ¿qué es el teatro, sino poesía? Tomando esta definición como cierta–necesaria para intuir el desarrollo argumental de la historia- es fácil interpretar la propuesta del director a la hora de afrontar esta delicada y original versión –biopic- de la vida y la obra de J. M. Barrie.

La historia de “Finding Neverland” está basada en la vida y la obra del dramaturgo, autor de Peter Pan, una de las obras literarias más conocidas y versionadas de todos los tiempos. Ambientada en Londres, en 1904, la película muestra el proceso que dio lugar a la creación del personaje -un jovenzuelo con leotardos que siempre quiso ser niño-, desde que a Barrie se le ocurrió la idea hasta el estreno de la obra en el teatro Duke de Nueva York, en una noche marcada por la tragedia en la que no sólo cambió su vida sino la de todos los que le rodeaban. El personaje de Peter Pan ha traspasado las fronteras del tiempo convirtiéndose en un clásico de la literatura universal. Durante décadas las adaptaciones cinematográficas realizadas sobre la alargada sombra de Peter Barrie han tenido al público infantil como gran protagonista, ya se sabe, el más sincero de todos, aunque si bien es cierto, la interesante propuesta de Forster posee un cierto aroma agridulce que plasma con realismo las vivencias del dramaturgo británico. Desde el edulcorado producto marca Disney hasta la última adaptación cinematográfica (“Pan”) dirigida por Joe Wright, va toda una suerte de adaptaciones, teatrales y musicales inclusive, que muestran las variopintas visiones artísticas del propio personaje. Ahora bien, quizás sea esta, la versión de Forster, la que presenta una caricatura –Deep está un pelín (sistema métrico nacional) sobreactuado- más humana del personaje.

Lo difícil fue encontrar un catalizador que mediara entre la realidad del escritor, anclada en los férreos formalismos de una sociedad envejecida, y la magia que la niñez y sus caprichos despierta a través de los ojos de Barrie, labor que recayó en las hábiles manos del compositor polaco Jan A. P. Kaczmarek. Con todos los elementos narrativos a su disposición, piratas, hadas, polvos mágicos, cocodrilos, garfios, etc. Kaczmarek elabora un delicado mapa emocional que conduce al espectador –supongo que a él también- al país de Nunca Jamás, lugar donde el teatro de Barrie se transforma, por mor de la fantasía o del encantamiento, en “el Teatro mágico de Mr. Barrie”.

You are the Pan

Esta es la idea que Forster trata de plasmar a lo largo de toda la historia, planteamiento que Kaczmarek utiliza para presentar al protagonista principal elaborando una divertida melodía de situación (“Where is Mr. Barrie”) que sitúa al escritor en medio de la escena. Los coros, reflejo de la infancia que no ha de perderse, y el piano, paradigma de la solitaria existencia de Peter, inician la gran aventura de Pan y su particular viaje hacia el país de Nunca Jamás. Con un bello y emotivo leitmotiv que sufre diversas variaciones durante el desarrollo de la historia (“The Park/The Chess”), la música va participando de la magia del personaje conduciendo las emociones perdidas hacia ese lugar de encuentro que solo existe en la imaginación de los niños. Kaczmarek utiliza el piano (“Neverland, Minor piano variation”) para dibujar ese lugar mágico que solo aparece cuando dejamos que la soledad y la fealdad del mundo exterior, el de los mayores, queden fuera de las butacas del teatro mágico de los sueños que solo existe tras la mirada de los niños perdidos.

La muerte es otro de los elementos –asociado a la cruda realidad de la protagonista femenina- que el músico trata de un modo delicado, casi liviano o etéreo, para expresar la perdida de un ser querido. Es como si a través de la música (“Why Does She Have To Die?”) ella viajara de la mano de Peter Barrie y sus coros celestiales a Neverland, lugar donde los niños no crecen y solo existe la diversión y la felicidad.

Después de la representación unas señoras de la alta sociedad le preguntaron al joven Peter:

-¿Eres tú Peter Pan?, el niño de la obra.

-No señora –le respondió con cara de incredulidad-

-Peter es él –dijo señalando a Barrie-, él es Peter Pan.

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.