El éxito de una película por sus virtudes principales siempre arrastra a las mal llamadas categorías inferiores o secundarias en el reparto de nominaciones a los premios en general y a los Oscar de la academia de Hollywood en particular. De este modo el bastante desconocido Steven Price atesora su primera nominación con un currículo previo de tan solo tres largometrajes en su haber, un mérito prácticamente inédito que solo puede entenderse por el motivo arriba mencionado. Su trabajo, imbuído por el diseño sonoro electrónico de autores como Hans Zimmer, John Powell o Cliff Marnitez, se adapta como un guante a la impactante puesta en escena y narración de Alfonso Cuarón. En cuanto a a su producción y acabado técnico resulta impecable, pero creativa y originalmente hablando el trabajo no posee unas líneas estilísiticas mínimamente originales, bebiendo del minimalismo más funcional en cuanto a su rítmica y a la saturación de su presencia en pantalla tanto como presencia sonora residual en los momentos más incidentales como dramática de peso en los álgidos.

El innegable impacto inicial de la banda sonora de “Gravity” de Steven Price va de la mano con la vacuidad efectista sin auténtico fondo de una propuesta muchas veces oída en este y otros géneros, demostrando que la entropía en el éxito musical cinematográfico responde a un canon cada vez más aséptico y delimitado. La calidad musical y la originalidad de planteamientos sonoros dejaron de ser items valorables en la academia de Hollywood hace tiempo, además cualquier seguidor habitual de los premios sabe que el nombre más desconocido de la terna suele ser el que se lleva el gato al agua y últimamente se valora más todavía lo electrónico y de cierto cariz moderno dentro del mundillo (baste recordar el oscar para la banda sonora de “La Red Social”), por lo cual el Oscar que este trabajo atesora a la mejor banda sonora no debería sorprender a nadie.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.