Cuesta enfrentarse a cada nuevo trabajo de compositores de la generación de Patrick Doyle, autores que surgieron en un momento de esplendor post-sinfonista y engancharon a la banda sonora a toda una generación de aficionados o renovaron la pasión por la música de cine de otra. Músicos como Danny Elfman, James Newton Howard, Alan Silvestri o el responsable de la partitura de la última incursión del personaje creado por Tom Clancy, un Patrick Doyle más diluido e invisible que nunca. La cinta, dirigida por su amigo de toda la vida Kenneth Brannagh, no se inspira en ninguna de las novelas del escritor y la música creada para la ocasión por el colaborador habitual del realizador y actor británico puede pasar por ser la peor banda sonora en toda la carrera del autor de títulos tan memorables como “Henry V”, “Frankenstein”, “Carlito´s Way” o “Hamlet”.

El cúmulo de clichés sonoros modernos, efectos sintéticos de librería y ritmos pre-fabricados de filiación común en la música de cine comercial y reciente de construcción electrónica sobrepasa con mucho el límite que cualquier oído medianamente sensible puede soportar. Doyle se ha visto abocado en los últimos cinco años a anularse a sí mismo como músico y ha sabido reciclarse en diseñador y programador sonoro con ciertas pizcas melódicas que apenas recuerdan el talento y personalidad inconfundibles que antes poblaban cada banda sonora firmada por el, independientemente del género de adscripción. Ahora la música que Patrick Doyle fabrica puede servir para cubrir el sustrato audiovisual de cualquier cinta y lamentablemente su homogeneidad electrónica impide diferenciar su género de adscripción.

Soporífera, interminable y angustiosamente insustancial, la banda sonora de “Jack Ryan: Shadow Recruit” de Patrick Doyle supone el momento más bajo de creatividad del compositor escocés hasta que nos llegue su nueva película de gran presupuesto producida en el seno de Hollywood.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.