Buscar el aspecto lúdico –del latín Ludus, concepto que conlleva la idea de ejercicio o adiestramiento- de la música no solo es una actividad complaciente, sino que también es una tarea que implica un gran conocimiento de la historia de la música. En esta idea se encuentra el sempiterno juego de “los parecidos razonables”, algo así como el “veo veo, qué ves…” pero utilizando el oído como maestro de ceremonias. Cuántas veces nos hemos preguntado aquello de, ¿a qué se parece esta melodía?, o lo otro de, “para mí que lo ha plagiado de algún clásico”, o todavía más allá, “¡qué cara más dura tiene fulano o mengano!”, y “para muestra un botón”, “Willow”, de James Horner, con la la sinfonía nº 3, en mi bemol mayor, “Renana”, op. 97 de Robert Schumann, o “The Right Stuff”, de Bill Conti, con “The Planets, Op. 32” del compositor inglés Gustav Holst, o “Magdalene”, de Cliff Eidelman, con la “Misa de Réquiem en re menor, K. 626” de Amadeus Mozart, por citar solo unas cuantas obras de este entretenido juego. Es curioso como tendemos a buscar en la música de ahora coincidencias con la de épocas pasadas, pero esto que puede parecer un hecho aislado y de nuestro tiempo no lo es tanto si observamos con detenimiento la música de los últimos cuatro siglos. Así podemos contemplar que Mozart escribió su “Misa de Réquiem en re menor K.626” tomando como referencia algunos pasajes del no menos genial “Réquiem en do menor, Missa pro defuncto”, que Michael Haydn escribió para los responsos del arzobispo Segismundo. Esta y otras obras clásicas podrían entrar a formar parte de este interesante juego de “los parecidos razonables”. ¿Plagio o casualidad?, ni lo uno, ni lo otro. Ahora bien, llama mucho la atención la crítica indiscriminada que algunos hacen de esta interesante herramienta musical, a sabiendas de que el director o productor de turno es quien suele decidir en la mayoría de las ocasiones.

En “Magdalene”, película dirigida por Monica Teuber, Cliff Eidelman utiliza los primeros compases del “Introitus”, “La Lacrimosa” y el “Confutatis” de la “Misa de Réquiem en re menor, K. 626” de Mozart para desarrollar una versión sui generis de esta contundente melodía (“The Death of Hans/Father Mohr”), un leitmotiv que Eidelman utiliza en el funeral de uno de los protagonistas para reforzar el elemento religioso de la historia. Los coros, los obstinatos de la cuerda y la violencia de los vientos dan sentido a este pequeño y jocoso homenaje del autor. A partir de aquí la música se entretiene con el amor prohibido de los dos protagonistas, una prostituta (Magdalene) y un sacerdote (Father Joseph Mohr, autor del Himno “Noche de Paz”) para los que Eidelman compone la misma melodía. Para la prostituta el músico utiliza el oboe -voz sensual y hedonista de los sentimientos que Magdalene profesa por su amado-, quizás el instrumento que mejor representa el amor femenino, mientras que para el religioso Eidelman utiliza el piano –a modo de introducción- como imagen de la soledad e incomprensión que el protagonista sufre frente a su amor prohibido. La orquesta (“Mohr´s Farewell”) finaliza su excursus con una bella e intensa variación del leitmotiv principal que muestra la fuerza incontrolable del amor. Esta melodía sufre diversas variaciones (“Christmas Time”), a medio camino entre el Minueto y el villancico, que contextualizan el amor de los protagonistas a lo largo de la historia.

“Magdalene” es una obra muy interesante que muestra las virtudes de uno de los grandes compositores de la música cinematográfica actual. La irregular carrera de Eidelman (“Triumph of the Spirit”, “One True Thing”, “Big Miracle” o “Christopher Columbus: The Discovery”) está llena de luces y sombras, pero aun así revela que todavía hay mucho talento en el despersonalizado e industrializado Hollywood de la actualidad.

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.