En pleno auge de las adaptaciones (y reboots abundantes) a la gran pantalla de los personajes más populares del cómic y de todos los demás también, nombres como el de Superman , Batman o Spiderman son las estrellas insignias del panteón del Noveno Arte de origen popular americano. Y no por casualidad todas sus representaciones musicales de última generación han acabado en las manos de Hans Zimmer, el gran pope de la banda sonora moderna. En caso de materializarse una futura Liga de la Justicia lo más probable es que el proyecto aterrizase en la mesa del alemán antes que en la de cualquier otro compositor. El reparto de las sobras en forma de “Captain America: The Winter Soldier” y “X-Men: First Class” para Henry Jackman, aprendiz acólito, así como el “Iron Man” de Ramin Djawadi, junto con la sustitución de un obsoleto Alan Silvestri dentro del gran juguete Marvel/Disney “The Avengers” que pasa a manos de un remoto simpatizante que también ha desbancado a Patrick Doyle en la sub-saga “Thor” y se quedó con la tercera cinta de las correrías de Tony Stark -alias Robert Downey Jr-, Brian Tyler, no deja lugar a dudas. Las viñetas fílmicas (y sus generosos dividendos) se quedan en casa de Zimmer.

Llegado el momento de reinventar un icono como Batman, Hans Zimmer unió fuerzas con James Newton Howard y de un cuidado equilibrio estilístico y depurada electrónica surgió la segunda gran saga de referencia sonora para el cine de acción moderno, siendo la primera -por fechas- el Bourne de John Powell. El motivo cíclico y minimalista asociado a Batman junto a sus dos notas fueron suficiente para cambiar el panorama estético de la música en Hollywood. Quizás presionado por la alargada sombra de este éxito a lo largo de la trilogía de Christopher Nolan (con un superior y soberbio segundo capítulo), Zimmer intenta bucear conceptualmente en sus logros para el Caballero Oscuro a la hora de ponerle música al nuevo Superman. Así de entrada podríamos tachar la iniciativa de errónea, dado el colorido optimismo americano asociado al personaje, pero cada banda sonora debe adecuarse a las intenciones del film al que acompaña y el realizador de “Man of Steel” presenta una adaptación tan superficial como bombástica, perdiendo por completo la esencia del personaje y el rumbo narrativo de la misma en su descacharrante destrucción final de más de 30 minutos de batalla campal continua.

Zimmer acierta en algunos aspectos y se podría incluso concederle cierto mérito a la hora de ilustrar al General Zod, villano de la función con un efectivo y sinuoso ritmo in crescendo, así como el cinético motivo ascendente que ilustra el primer vuelo del protagonista. Incluso el uso de las guitarras de pedal asociadas a la américa rural adoptiva del personaje ofrecen algo de colorido y la lánguida melodía que retrotrae al planeta natal de Superman, Kripton, resulta hermosa y contemplativa, e incluso el emotivo aunque simple tema central para teclados funciona como asidero emocional, pero el empleo tremendista de percusiones incesantes y atronadoras, e incluso samples corales que ya aparecían en “The Peacemaker” le restan credibilidad a la obra como creación original y autónoma. Lugares comunes en las frases obsesivas para sintetizadores y la saturación sonora como arma arrojadiza constante en lucha contra los muchos decibelios de las constantes escenas de acción acaban por ahogar una composición más interesante de lo que en una primera audición poco atenta puede desvelar, pero que no consigue auparse a la calidad que el músico alemán es capaz de ofrecer cuando realmente se esfuerza. La banda sonora de “Man of Steel” de Hans Zimmer se lanzó en dos ediciones, sencilla y doble, con casi el doble de música la más completa que la simple, pero ambas vienen a ofrecer casi lo mismo si no se es particularmente completista del autor.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.