La complicidad establecida entre David Cronenberg y Howard Shore con el paso de los años y las películas conjuntas realizadas, denota que la dupla creativa canadiense se encuentra ya a un nivel de entendimiento y sinergia audiovisual más allá de toda duda. Cuando llegan rumores o noticias del siguiente proyecto del realizador, el aficionado a la música de cine puede empezar a elucubrar sobre el acercamiento musical y sonoro que el compositor se prestará a realizar en función de la trama o la premisa inicial de la cinta por llegar. Así es de segura la asociación que se mantiene tras más de tres décadas de trabajo conjunto.

El drama existencial moderno en el que se ha transfigurado la visión fílmica de Cronenberg del ser humano, se amplifica con este nuevo título, llevando la exploración en el apartado de su partitura original a su siguiente paso lógico. De este modo la banda sonora de “Maps to the Stars” de Howard Shore, supone la destilación y amplificación de las ideas de su previa “Cosmopolis” tamizadas por unas coloridas texturas jazzísticas tan del gusto primigenio del músico, en las que el contrabajo y los sintetizadores se conjugan evocando la atmósfera enrarecida de “Crash”, pero sin llegar a su paroxística paranoia expresiva al tiempo que se cita la introspección psicológica, árida y contenida de sus incomprendidas “Spider” o “Jimmy P.”.

Asímismo se bucea en ciertos pasajes en un peculiar sucedáneo de música techno, retorcida entre efectos y experimentación cromática, que dan muestras de la inquietud y curiosidad inagotables de un músico único. “Maps to the Stars” de Howard Shore, es una composición exigente, a medio camino entre las sonoridades modernas del gusto de Michael Mann (atmósferas sintéticas de tintes new age mezcladas con elementos acústicos evocadores, etc…) y la esencia conceptual del cine de David Cronenberg. Arriesgada,ecléctica, compleja, pura.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.