Todavía existe un pequeño segmento de autores audiovisuales que aguantan contra viento y marea las embestidas de la post-modernidad asolando como una tormenta de arena en el desierto todo atisbo de arte en el proceso de creación fílmica. Directores kamikaze como el finlandés Ren Rinnenkagas que inició con una fructífera colaboración profesional con Pascal Gaigne que les ha llevado a trabajar juntos en cuatro películas hasta la fecha (“Watermark”, “The Last Days of Lucifer” y “Theo´s House”) las otras tres. Esto ha permitido en el apartado de la composición musical una serie de trabajos con entidad, con forma y fondo. De este modo la banda sonora de “Matka Edeniin” de Pascal Gaigne es un trabajo que brilla por su nula complacencia hacia los gustos comerciales de hoy día, así como por una reseñable aspereza cromática que deviene en una audición desafiante pero finalmente satisfactoria propiciada por un pequeño conjunto de cámara (dos violines, viola, chelo, arpa y voz solista), donde su autor aborda la ilustración de la soledad con tanta firmeza como lo hace en la vertiente colorista a la que nos tiene acostumbrados.

Para resaltar los aspectos emotivos algo más luminosos de la trama, el compositor se vale -una vez más- de la maravillosa voz de Amaia Zubiría, confeccionando un tema central hermoso y lánguido, cargado de lirismo y melancolía con el que se abre y cierra la partitura en las pistas “Eve´s Song” y “El Último Minuto en Edén”, así como apariciones a lo largo de la misma que salpicarán cortes como “Les Cheveux D´Êve”. Otros momentos transmiten una fugaz jovialidad animosa como la primera mitad de “Remelluri” o “Amistades”, que destacan por escasos y atípicos dentro del conjunto, contrastando gracias a su esencia rítmica y juguetona con el tono sostenido y doliente del grueso de la composición sin perder por ello coherencia interna. Sugerentes pasajes tonales tiznados de una pátina existencial como “Las Manos” y “Según Dante” desarrollan un sencillo motivo con estructura de adagio, mientras que “Paisajes Riojanos” y “Viaje a Edén” rozan el impresionismo romántico, suponiendo el contrapeso dentro del lenguaje camerístico a la aridez expositiva de temas como “Matka Edeniin” o “Los Santos”, prácticamente estudios de disección emocional del dolor de más ardua asimilación.

Más discutibles de inclusión en la edición discográfica (un cuidado digipack con notas del director y el compositor por parte de Quartet Records) por su escasa aportación a la misma son “Cámara Oscura” o “El Último Fuego”, que sólo redundan en terrenos ya expuestos con anterioridad. Con todo, éstos son los menos y la homogeneidad de la obra no se resiente. Igualmente destacable por motivos opuestos resulta la aparición de la pieza “Shen”, una creación previa de Gaigne para chelo y electrónica que se emplea dentro del film. Sorprendente, ecléctica y desafiante, cercana a la música concreta, esta larga composición de más de trece minutos ejemplifica el carácter multidisciplinar así como la variedad de registros que es capaz abrazar un músico que deja entrever en fragmentos como éste talento, inquietud y amor hacia su profesión. Nada menos.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.