Quedan pocos músicos que representen tan nítidamente la esencia del sinfonismo más puro y emocionante como el australiano Christopher Gordon. Un compositor de raza capaz de adaptarse al lenguaje moderno y combinarlo con su propia voz, única e inconfundible en lo melódico y lo orquestal (como ya demostró en el espectáculo de acción y terror “Daybreakers” o en relato melodramático e intimista “Adore”), al tiempo que despliega toda su capacidad sinfónica cuando la ocasión se lo permite. Como ya hace tiempo que estas ocasiones no hacen aparición, uno debe retornar al pasado para encontrar obras de calidad indiscutible que exploran al tiempo el lenguaje romántico y épico tan del agrado del aficionado de todas las edades y gustos. Si esto es lo que buscamos, Gordon es nuestro hombre.

La banda sonora de “Melbourne 2006: XVIII Commonwealth Games” de Christopher Gordon es una composición encargada al músico para la ceremonia de apertura de dichos juegos australianos el año 2006. El carácter audiovisual de su comisión y las ganas de compartir su existencia nos empujan a comentarla como una banda sonora sonora más, aunque evidentemente no lo sea, entrando en esta categoría por los pelos. Su limitada edición ha privado al grueso de amantes de la mejor música contemporánea de una obra portentosa y vibrante, pletórica de fuerza y sentimiento.

Tan solo ocho temas y 22 minutos de duración componen la aportación de Christopher Gordon para el evento, en ellos el músico tiene tiempo para desarrollar una joya en siete partes (más una introducción coral donde se citan los nombres de las ciudades participantes) basada en un imponente tema central de inmediata aparición en “Journey to the Stadium”, una marcha heroica y noble donde heráldicos metales despliegan una pegadiza melodía que pasará por la trompeta solista o la cuerda, hasta alcanzar toda la orquesta. “Welcome to the MCG” supone la ampliación de dicha orquestación con un juego polifónico y tímbrico que esboza el jazz sinfónico americano con un pasmoso sentido del ritmo y ecos al mejor Danny Elfman para acabar retomando el tema inicial de modo pletórico, quedando asociada dicha sonoridad a la ciudad anfitriona de los juegos. “Rising of the 3 Nation Flags” expone un fragmento para percusión donde campanas, piano y arpa se conjugan armonicamente a la perfección. “The Arrival of the Head of the Commonwealth” supone la gran fanfarria de la obra, una pieza para diálogo de metales digna de los mejores Rozsa y Williams. Pero sin duda alguna el tour de force es “Welcome to Melburne”,  que durante cinco minutos ofrece una fantasía sinfónica de primer orden donde el tema central conoce su versión más plena y se alterna con los pasajes rítmicos de la ciudad para acabar explotando en unas extasiantes florituras para trompetas de emoción incontenible. La sensación de aventura y épica que desbordaba Basil Poledouris en sus grandes trabajos tiene ciertos reflejos en esta soberbia pieza. “Raising of the CGF Flag” supone la versión culminante del tema central por su contención y sutileza envuelta en percusión. El cierre coral y ecléctico se produce con “Finale” que recuerda las celebraciones étnicas y festivas de John Williams para “The Return of the Jedi” o “The Phantom Menace”, igualando al maestro en inventiva y colorido.

La banda sonora de “Melbourne 2006: XVIII Commonwealth Games” de Christopher Gordon es una auténtica maravilla y toda una declaración de principios: la gran música sinfónica tiene en este músico uno de sus últimos bastiones vivos.