La banda sonora de “Museo”, de Tomás Barreiro, supone una de esas escasas alegrías para el aficionado a la música de cine, con la que el descubrimiento de un nuevo autor sorprende e impresiona por su frescura, talento y originalidad de planteamientos a la hora de abordar la composición para una película. En una época de sonoridad estandarizada circular y autorreferencial, los nuevos compositores apenas pueden marcar la diferencia y destacar por encima de los chiclés imperantes en todos los géneros. Hasta que llega alguien como Tomás Barreiro, originario de México, dispuesto a romper las reglas (es de suponer que apoyado por el realizador, en este caso su compatriota Alonso Ruizpalacios) y demostrar que en la música audiovisual los límites expresivos y expositivos siempre se pueden llevar más lejos.

El arranque, con ambiente misterioso y evocador de aires litúrgicos para coro y orquesta de “Tlaloc Volador”, resulta abrumador como concepto y hermoso desde un prisma inusual (esta melodía inicial se recupera en “Selva”), además de una declaración de intenciones: nada de convencionalismo. La intensidad para tremendos metales de “La noche de los Moogs”, con ecos operísticos a Bernard Herrmann, fluye hacia la fantasía impresionista de “Entrada al Museo”, de halo fantástico en su apertura, sección intermedia asfixiante y tercera parte romántico-atormentada. Pasa de un escalofriante requiem para cuerda y coro en “Mayas”, al espectáculo sinfónico de “Final Museo”, para rematar un lánguido, bellísimo adagio en “Pequeño Nocturno”. Dentro de la integración que Barreriro hace de las referencias folclóricas a la música de su país, el homenaje a Silvestre Revueltas es palmario en pasajes como “Salida del Museo”, mientras que la preciosa tonada de “A Dormir” entronca de lleno con el lirismo melódico popular mexicano. Una aceptación e imbricación orgánica y natural de referencias dentro de un discurso que aúna el presente (la electrónica desconcertante y atrevida mezclada con percusión de “Motor Digital” o “Torres de Satélite”) sin perder de vista las raíces de su pasado. La banda sonora de “Museo”, de Tomás Barreiro, es una de las mejores y más estimulantes partituras de 2018.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.