La banda sonora de “Never Let Me Go” de Rachel Portman es la mejor prueba de que la compositora mantiene intacta esa admirable capacidad para emocionar con su música, consiguiedo redefinir una vez más un estilo propio codificado y estanco a priori que sin embargo se distingue con nitidez en esta obra más pulido y puro si cabe, alcanzado la esencia misma de su personalidad sonora y logrando una síntesis estilística admirable con la que desde los rasgos más sutiles se pueden obtener los mejores resultados, los más sensitivos e intensos. Entroncando con esa corriente vital tan común a ella, el arranque del escueto pero correcto disco editado por Varese con la pieza “The Pier”, introduce el hermoso tema central para chelo (que entronca con las líneas maestras de melodías tan destacadas como las de “The Fountain” de Clint Mansell o “A Single Man” de Abel Korzeniowski), una frase melancólica y romántica de cuatro notas de la que se entresacará una melodía secundaria mucho más desarrollada para piano y cuerda de filiación inconfundible (cinco notas ascendentes y descendentes y sus respectivas variaciones, que se complementan de modo sencillo y efectivo) a lo largo de su continuación en “Main Title”, con la intervención destacada de nuevo del chelo, que irá conectando los momentos más emotivos con enorme profundidad y poso trágico.

No tardan en hacer aparición los dinámicos scherzos, con dulces maderas, marca de la casa en “Bumper Crop”, transmutada rápidamente en gentil pieza de bucólicas resonancias, así como los ecos repetitivos para piano y xilófono de “To the Cottages” y mayor intensidad emotiva en “The Boat”, donde el violín solista desarrolla con exquisita brevedad el tema secundario de los créditos, alternado y desarrollado con acierto en pasajes más livianos como “Madame Is Coming”, que recupera la estructura de base rítmica habitual de la compositora. El tema central va surgiendo y desarrollándose con agradecidas intervenciones en pasajes de gran calado como “Ruth´s Betrayal” o “Kathy and Tommy”, aportando pequeñas pinceladas y cambios de registro en su empleo, ralentizando o haciendo más doliente su aparición. Pero la composición no se limita a esto, pues el tono apesadumbrado y difuminado de piezas como “Kingsfield Recovery Centre” ayuda y sirve como estupendo nexo de unión entre el lacerante empleo del tema central, “Unseen Tides”, y el amenazador preludio final de “Souls at All”, un lúgubre y ominoso pasaje, hasta alcanzar el auténtico highlight del disco, el resumen final ,”We All Complete”, donde se desarrollará profusamente y con desbordante sensibilidad el tema central.

En una época donde la mimetización con el ambiente y la adhesión a las huecas modas minimalistas imperantes son la moneda de cambio, donde la transmutación de compositor a diseñador sonoro es el precio a pagar por mantenerse en la cresta de la ola, la fidelidad a uno mismo parece un sacrificio hasta comprensible. En un tiempo así, Rachel Portman todavía se atreve a componer música. Música bellísima, nada menos, lo cual obliga a -como mínimo- mostrar respeto y en caso de comulgar con sus formas, a disfrutar enormemente de un trabajo que pese a su escasa sorpresa o aportación resulta maravilloso.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.