La banda sonora de “On Chesil Beach”, de Dan Jones, es una rara avis en el panorama audiovisual contemporáneo. Una pieza de orfebrería musical engarzada entre referencias clásicas de gran altura que no desentona, ni por estilo ni calidad, al compararse con nombres como Haydn, Elgar, Bach o Schubert que forman parte de la selección discográfica de la banda sonora para la película. Evidentemente, la aportación e importancia global de dichos compositores a la historia de la música dista de ser equivalente, pero en lo relativo a la contribución dramática de Jones al relato que acompaña, su trabajo resulta tan elegante como cautivador. Parte de una concepción clasicista para el comentario incidental, contando con la virtuosa violín solista Esther Yoo y la BBC National Orchestra of Walles. Una producción musical de primer orden que se ratifica con una partitura brillante en su lirismo y doliente en su intensidad dramática.

Arranca con fatua melancolía en “Talking to the Birds”, para dar paso a fragmentos contemplativos para piano sostenido como “Love at First Sight” o “Chloe”, pasajes animosos para cuerda con aires de scherzo en “Into the Woods”, o bellísimas elegías para lucimiento del violín solista de Yoo como “Walk in the Meadows” o “Walk from Henley”. También introduce ideas etéreas como “Lulwoth Cove” y “Pandora Piano” en los que la difuminación del ambiente provoca una inasible sensación de pérdida, la cual contrasta con los agitados instantes de desgarradora agonía para cuerda en dialogo polifónico que evoca a Bernard Herrrmann durante pistas como “Fear of Sex” o “You May Enter”. Aunque es la desoladora hermosura de cortes como “Cold Shoulder” y “Date on the River”, la que perdura en la memoria del oyente, haciendo de la banda sonora de “On Chesil Beach”, de Dan Jones, una deliciosa experiencia auditiva que demuestra la, ocasionalmente feliz, coincidencia de encontrar música de cine igual de exquisita dentro como fuera de las imágenes para las que se crea.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.