John Powell es un compositor curtido sobre todo en cine de animación (como no arrodillarse ante la pluscuamperfecta “How to Train your Dragon”), con pinceladas en el drama (“ P.S. I Love You”, “I Am Sam”) y en la acción (la saga de Jason Bourne) pero que en su máximo exponente, es uno de los mejores especialistas del cine animado. Joe Wright, londinense como Powell, y recordado por sus maravillosas “Pride and Prejudice” y “Atonement”, ambas creadas por el maestro Dario Marianelli, acudió a éste para esta precuela del universo de Peter Pan, pero desavenencias con los productores hicieron que el proyecto cayera en manos del excelente John Powell. Lo que más destaca por encima de todo en este score, es sin duda la lograda magia del conjunto, aumentando más si cabe con los espectaculares efectos visuales, que junto a la fuerza sinfónica de Powell, su romanticismo melódico, así como el efectismo coral nos genera la sensación de estar ante un cuento de hadas musical.

Enmarcada toda la partitura en un clasicismo bárbaro, las notas vuelan cual niño de nunca jamás transformándose en pura aventura y fantasía, explosionando en bellas notas que se funden con las voces, los épicos metales y la belleza de los violines; todo acunado soberbiamente en numerosas piezas de la banda sonora, logrando alcanzar ese preciso instante que todos conocemos, en el que la música se impone más allá de la sala de cine. Con un tema principal que nos encuentra a lo largo de la partitura, de una exquisitez, lirismo y calidad típicas de Powell, destacan cortes preciosos y sencillos, haciendo hincapié en la dificultad máxima que es expresar con pocas notas momentos pequeños de esta colosal aventura. John Powell lo ha vuelto a hacer. Ha pintado como nadie en nuestra memoria sonora, los colores y resplandecientes aromas de un País de Nunca Jamás al que volveremos una y otra vez mediante su maravillosa banda sonora.

Reseña de Javier Pelegrín Parra.