Fiel acompañante para con su sobresaliente trayectoria y siempre notable en la ilustración musical de las historias de Hayao Miyazaki, el compositor Joe Hisaishi retoma una vez más su papel clarificador de los sentimientos de los protagonistas en la banda sonora de “Ponyo on the Cliff by the Sea”. En ella y emulando al Jerry Goldsmith de “The Secret of Nimh”, se aproxima al impresionismo debussyano e incluso por momentos a la exuberancia de Ravel para “Daphnis y Chloé”, contando una historia de amistad infantil con la inclusión de pequeñas y simpáticas melodías al estilo de la archiconocida “Pedro y el Lobo” de Prokofiev. Asimismo otros nombres clásicos se dan cita en el variado discurso de Hisaishi, desde la adaptación de las “Valkirias” de Wagner en varias pistas hasta la aproximación estética a la “March Past of the Kitchen Utensils” de Vaughan Williams. La variedad en el abanico temático y armónico del japonés nos regala en su inicio (“Shinkai Bokujo”) maravillosas fusiones de orquesta y coro en descriptivos pasajes submarinos donde se introduce sobre acordes ondulantes (inconfundible sensación acuática) el tema que hará de eje para la composición para dar paso a un inocente pasaje con celesta y pizzicatos a modo de preludio del tema dedicado a la protagonista, una melodía juguetona y retentiva que dará lugar a una festiva canción final.

Una hermosa aria hace su aparición inmediatamente después (“Umi no Okaasan”) con un pulcro arropamiento orquestal seguido del vivaracho scherzo (“Ura no Machi”) de aires rusos, seguido del inconfundible sello de Hisaishi en las figuras fugadas, elemento este que se recuperará en “Ponyo to Sosuke”. Siguen pistas desarrolladas con un elegante mickey-mousing y citas al tema central hasta llegar al bellísimo tema para cuerdas “Karappo no Baketsu” romántico y de cierto tono melancólico (volverá a retomarse en los metales y el piano), ofrece el contrapunto ligeramente dramático para el de Ponyo, mientras que la hermosa melodía inicial surge plenamente en “Hakko Shingo”, para de modo algo más pausado (la introducción del tradicional y querido piano del autor ayuda a ello) y contemplativo, dar lugar a una de las piezas claves de la banda sonora en “Nagareboshi no Yoru” con un desarrollo para violín solista acompañado de arabescos para viento, piano y coro, que proporciona la poética fusión audiovisual del tandem Miyazaki/Hisaishi en uno de esos mágicos momentos que su cine suele ofrecer.

Variaciones sobre el tema central de modo bufo, paródico o por momentos cercanas a lo castrense, se complementan con resultones “andantes”, una exultante y acelerada marcha festiva, instantes más delicados los encontramos en la nana “Ponyo no Komoriuta” o en la sensibilidad de la cálida trompeta solista de “Risa no Ketsui”, que recuerda a uno de los instantes finales de la cinta previa de compositor y director, la soberbia “El Castillo Ambulante”. Pasajes para voz solista o coro mixto amplifican los matices del espectro temático, enriqueciendo el conjunto de la banda sonora, al tiempo que los más nerviosos e inquietantes eclosionan en el sinfónismo de “Imototachi No Katsuyaku” y la conclusión dulce y sosegada de “Haha To Umi No Sanka” en una florida variación con violín que se remata en un tutti para orquesta y coro. Así pues, sin tratarse de la obra más lúcida del músico para el realizador (ni formal ni estilísticamente hay sorpresa alguna) y pese a sus variadas referencias clásicas, la banda sonora de “Ponyo on the Cliff by the Sea” de Joe Hisaishi se retroalimenta de un patrón previo bien definido y exitoso en el que la honestidad de la pluma para con la cinta y su fidelidad a sí mismo resultan ser sus mejores armas.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.