La banda sonora de “Terminator Genisys”, de Lorne Balfe, representa todo lo contrario a lo que algunos amamos de la música de cine en un plano estético y narrativo tradicional. Si llegasemos a considerarnos reaccionarios en estos términos, casi podríamos decir que este trabajo supone el epítome del odio manifiesto por parte de un sector abundante dentro del mundillo hacia la música audiovisual post-moderna prefabricada en cadena, sin personalidad, sin inspiración, sin ideas, genérica hasta la náusea e insustancial en grado máximo. Poco o nada parece haber aprendido de su maestro Hans Zimmer el autor del trabajo aquí comentado Lorne Balfe a la hora de transmitir unas directrices emocionales mínimas. Algo en lo que el alemán se ha convertido en un maestro con el devenir de su carrera, a este pupilo le falta un largo, pero que muy largo, recorrido por delante.

Nos encontramos ante una sucesión sintética y aséptica de ritmos cíclicos reciclados de mil y una referencias previas, percusiones de librería empastadas sin apenas sentido del orden, la progresión o la dinámica, así como pequeñas células motívicas de caracter ocasionalmente épico (pueriles crescendos sostenidos donde la intensidad dinámica intenta suplir la construcción formal) o lírico de suspiro trágico sin alcanzar en ningún momento la más mínima emoción. Por mencionar una pista -pese a ser un cliché absoluto- “John Connor” podría lograr la categoría de audible. Más frustrante para fans hardcore de la camarilla Remote Control es el comprobar que Balfe apenas se limita a calcar directrices en los pasajes de acción de trabajos previos bastante reconocibles como “Tron Legacy” de Daft Punk y “Oblivion” de Joseph Trapanese (que a su vez fue colaborador de Daft Punk en el primer título: nótese la pirueta sonora final resultante con una copia de una copia de una copia), que ya bebían notablemente de fuentes primigenias de sobra conocidas (“The Dark Knight” o “Inception”). Solo al final con la nueva versión del tema clásico de Brad Fiedel en “Terminated” uno siente que por fin escucha música. Hasta aquí hemos llegado. Un desastre sin paliativos.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.