La capacidad plástica y descriptiva de la música para películas de animación ha sido una constante desde que el género existe. Tanto en lo relativo al inevitable mickey-mousing como en acercamientos más impresionistas o modernos, el acompañamiento dinámico y variado en términos expositivos se apuntala como indivisible en la musicalización de este tipo de trabajos. La banda sonora de “The Boxtrolls” de Dario Marianelli no es una excepción. Bebe de las fuentes sinfónicas más tradicionales (destacando un regusto en la orquestación de las set-pieces de acción a lo John Williams de lo más agradecido; “Rooftop Chase”) y los recursos narrativos desplegados no se alejan de lo conocido en ningún momento, pero pese a lo esmerado de la puesta en escena (sugiriendo con talento jocosidad, misterio, vértigo o parodia), su esquelética aportación melódica, limitada a un par de motivos y pinceladas de color en lo relativo al cuerpo incidental de la creación, pesa demasiado en el conjunto. Más todavía cuando se compara con la fuerza de las canciones incluidas, alguna de ellas obra del mismo Marianelli, como la divertida tarantella “Quattro Sabatino” o la circense marcheta “The Boxtrolls Song” con aires a Elfman.

La importancia y peso temático de las mismas (varias de ellas ajenas a la pluma del músico) sobre el conjunto del trabajo consiguen eclipsar el grueso de una composición apenas destacada más allá de su descripción orquestal como motor cinético superficial de las escenas, pese a contar con esbozos de tango (“One Busy Night”), vals (“Allergic”, “Slap Waltz”) o pasajes de considerable fuerza (“To The Rescue”), que por desgracia no consiguen resultar memorables en ninguna de sus esforzadas muestras. La banda sonora de “The Boxtrolls” de Dario Marianelli cumple con su cometido y resulta sólida en los aspectos más básicos que podríamos demandarle, pero nada la ancla a nuestra memoria a largo plazo. Igual de agradablemente que se escucha, se olvida.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.