La imagen que siempre he tenido de Jerry Goldsmith es como la de Ortro u Ortos, el perro de dos cabezas hijo de Equidna y Tifón y hermano de Cerbero, un “monstruo” de la música cinematográfica que en el interior de sus testas –las dos y puede que alguna más, quizás hasta la temida Hidra de Lerna podría representar a su majestad- alojaba imaginación y originalidad a partes iguales, facultad y cualidad que diferencian al genio del músico. En el 2004 la música cinematográfica quedó huérfana cuando Goldsmith abandonó este mundo de sombras. Jerry fue un artesano del sentimiento, de la emoción y de la melodía… Un prestidigitador de lo racional, y por qué no decirlo, también de lo irracional que ilumino el firmamento musical durante décadas. Radiografiando su carrera se puede vislumbrar la continua evolución de su estilo que ya desde los años 50 y 60, marcados por el jazz, o los 70 y primeros 80, donde la experimentación –sobre todo con los sintetizadores, “Logan’s Run” (1976)- fue su “santo y seña”, o la última década de los 90, donde su elegante sinfonismo “parió” algunos de los leitmotivs más esplendidos de su carrera muestra la gran versatilidad –ningún género le fue ajeno- de este genio del siglo XX. Es en esta última década donde encontramos su partitura para “The Ghost and the Darkness”, o el “El Fantasma y la Oscuridad” –el dos una vez más, ¿habrá que consultar la cábala?- película dirigida por Stephen Hopkins y que ahora vuelve a la escena musical gracias a la reedición –el sello discográfico Intrada una vez más, “In secula seculorum”- de su excelente banda sonora. La edición recoge toda la música que Goldsmith escribió para esta historia que sucedió en la región de Tsavo en 1898 cuando dos leones llamados Fantasma y Oscuridad mataron y devoraron a decenas de trabajadores durante la construcción del Ferrocarril que intentaba unir Kenia con Uganda.

La imaginación y la originalidad de Goldsmith se erigen en protagonistas de esta historia que el músico articula con habilidad en derredor de tres ideas que describen la aventura, el amor y la tensión que Stephen Hopkins narra con más intención que talento. Como era la costumbre en la década de los 90 –”Rudy”, “Air Force One”, “Congo”, “The Mummy” o “The 13th Warrior”, por citar solo unas cuantas- Goldsmith propone como pórtico a su obra un alegre, poderoso y retentivo Main Titles (“Theme from The Ghost and the Darkness”) que utiliza los vientos, juguetones en su inicio y poderosos en su conclusión para describir la grandeza de Tsavo, una tierra bañada por el sol de Kenia que el músico contextualiza añadiendo cantos y percusiones tribales. Esta idea evoluciona hacia el segundo gran leitmotiv de la obra (“The Bridge”) que conduce a los lugareños hacia la victoria. La finalización del puente y la eliminación de los leones son las dos empresas que están implícitas en esta fanfarria triunfal (“The Claws/First Time”) que muestra la enorme capacidad narrativa de Goldsmith. La tercera y última idea del score –a la postre la más floja de todas- vincula emocionalmente al protagonista con el recuerdo de su amada –la única imagen civilizada de la historia-, un motivo sencillo y delicado (“John´s Nightmare/Welcome to Tsavo”) que se queda a medio camino dando la sensación de que podía haber sido mucho más. La partitura se completa con contundentes y rítmicos temas de acción (“Lions Attack/Preparations” el más interesante de todos) que refuerzan, lanzas y voces tribales en ristre, la intensidad y la angustia de la encarnizada lucha por la supervivencia. Lo más destacado de estas ideas, además del ritmo frenético y la utilización de los cantos indígenas, es la habilidad que Goldsmith tenía para insertar los leitmotivs principales dentro de los temas de acción, una muestra más de su gran capacidad narrativa.

Puede que “The Ghost and the Darkness” no sea la partitura más original de Goldsmith, es más, pienso que no lo es, pero como la mayoría de los trabajos realizados durante la década de los 90 “El Fantasma y la Oscuridad” nos regaló dos o tres ideas que ya forman parte de nuestra selectiva memoria musical y que gracias al sello discográfico Intrada podemos disfrutar ahora en su totalidad.

Reseña de Antonio Pardo Larrosa.