La banda sonora de “The Nutcracker and the Four Realms”, de James Newton Howard, vuelve a demostrar el dulce momento creativo del compositor norteamericano, al que le llueven los mejores proyectos de Hollywood en cuanto a posibilidades musicales en el terreno de la fantasía. Además de mantenerse a lomos de una gran saga comercial (nada más apearse de “The Hunger Games” se subió a “Fantastic Beasts“) que le asegure visibilidad comercial en taquilla e ingresos generosos, es capaz de escoger sus proyectos con tino selectivo para con directores de confianza, como su reciente “Red Sparrow” para Francis Lawrence, o cintas como “The Huntsman: Winter´s War” dentro del mencionado género, que le llevan a entregar partituras notables. Sin embargo este encasillamiento selectivo que tanto beneficia como perjudica a ciertos músicos (Gabriel Yared declaró haberlo sufrido amargamente durante años tras ganar el Oscar con la banda sonora de “The English Patient”), parece serle útil a James Newton Howard, pues le permite componer un tipo de música poco habitual ya en la industria moderna fuera de colaboraciones artísticas exclusivas; música emocional y expresiva para orquesta sinfónica. No es que no se use la gran masa orquestal en Hollywood ni mucho menos (sumarán miles de músicos entre todas las bandas sonoras de Marvel), sino que su sonido empastado y atronador no ofrece más que urgencia y circunstancias amplificadas, pero sin sentimiento, ni melodía, ni espacio para vehicular motivos o ideas líricas.

Bajo los auspicios de Disney los resquicios para la creatividad son cada vez menores, pero Howard se las apaña para sortear las imposiciones de la compañía, lidiar con las referencias inevitables a Tchaikovsky y seguir sonando a el mismo en maravillosas pistas llenas exultante colorido como “Clara´s New World”, donde se puede apreciar el aventurero y expansivo tema central. El arranque con “The Nutcracker and the Four Realms” que incluye vivaracho piano, maderas y coro, los juguetones scherzos con celesta y florituras en la cuerda de “Mouserinks”, los pasajes incidentales a caballo entre lo cómico descriptivo y lo fanfárrico de “Just a Few Questions” o “Clockwork Mice”, el ambiente mágico de la extensa pista “Sugar Plum and Clara” y del cierre en “Queen Clara”, el misterio convertido en amenaza orquestal de gran -y reconocible- fiereza de “The Four Realm” o la agresividad desquiciada de los violines de “The Polichinelles”, llevan a retomar el tema central en pistas enérgicas y dinámicas como “Clara Finds the Key” o más dramáticas e intensas como “The Waterfall” o “The Bridge Fight”. Todo ello sazonado por una London Philharmonia Orchestra impecable bajo la batuta de Gustavo Dudamel y con el piano solista de Lang Lang. Nada menos. La banda sonora de “The Nutcracker and the Four Realms”, de James Newton Howard, ofrece un notable ejercicio de virtuosismo por parte del músico, que sin llegar a sorprender (nada en su lenguaje o ideas es novedoso en absoluto), si que consigue convencer.

Reseña de Ignacio Garrido Muñoz.