La música de Craig Armstrong se caracteriza por su habilidad de fusionar y contrastar la sencillez de sus conceptos armónicos y melódicos con conceptos extraídos de la música pop y electrónica moderna. Si eliminamos la exigencia de este concepto de “arreglo” musical, su música pierde fuerza y contenido de manera bastante tangible (véanse “Love Actually”, “Orphans”, o la aquí comentada banda sonora de “World Trade Center”). Algo que, de forma inexplicable, por la calidad demostrada por el compositor en sus trabajos en solitario y para el mundo del pop, y sus flirteos con la música clásica, está motivado por la excesiva comodidad, por las pocas exigencias de los directores o por ambas cosas. Repasando el cd, el tema principal (“World Trade Center Cello Theme”) es de indudable belleza, construido en sencillas sucesiones armónicas en modo menor, y con un solo de cello reforzando estas sucesiones, marcando una sutil melodía. Con un ritmo lento, casi elegíaco, nos marca el estilo del resto del trabajo impregnado de este carácter íntimo y melancólico, sin momentos especialmente destacables. Quizá las secciones corales resaltan en el conjunto (“World Trade Center Choral Piece”, “Jimeno Sees Jesús”), variando sutilmente la textura “monocroma” de la partitura. Por otra parte, las secciones electrónicas tan características del músico, son en esta ocasión bastante mediocres y poco inspiradas (“World Trade Center Piano Theme”, “Marine Arrives at Ground Zero”…), apenas colorean el concepto principal.

La banda sonora de “World Trade Center” de Craig Armstrong es una apuesta artística que se antoja algo vaga, independientemente de las exigencias del film. Indudablemente proporciona al disco una sonoridad estimulante, tan empática a la imagen como fiel a su estilo, pero el devenir musical es plano y conceptualmente homófono. Piezas como “Ethereal”, “John´s Woodshed”, “Jimeno Sees Jesús” (esta última con referencias a Thomas Newman), funcionan bien de manera aislada, pero no sobreviven a una escucha continuada e interesada sin ningún desarrollo rítmico o melódico adicional. Si a esto le añadimos la más que constante repetición de los dos temas principales, muy similares en color y factura, sin ningún tipo de añadido, es relativamente fácil que la monotonía se apodere del oyente, y se pierda la belleza del concepto musical planteado inicialmente. Destaca el bellísimo “Ethereal Piano Coda”, donde aparte de repetir una vez más el tema principal, Armstrong brinda un pequeño desarrollo temático y rítmico, muy de agradecer. En conclusión, un score impregnado de belleza armónica e intimismo pero de cómoda factura, plano y sin desarrollo musical.

Reseña de Manuel Ruiz del Corral.